—¡Quita esa mierda, Rubén! —¡Pero si la invitada eres tú, yo pongo lo que quiero! —¡Que la quites, j***r! Rubén, muerto de risa, bajó el volumen de la radio que tenía a tope con música dubstep. Su madre, que tenía los oídos tapados con ambas manos, lo miró con odio. Ella, el padrino, y la hermana pequeña de Rubén habían llegado ese día 24 de diciembre al departamento del chico, y aún se estaban acomodando. —Rubén, no hagas enojar a tu madre, que ya sabes cómo se pone —dijo el padrino riendo, pero luego guardó silencio al ver la mirada asesina de su esposa, que abrió la boca para decir algo, pero en ese momento sonó el timbre. Rubén fue a abrir. Era Amanda. El Rubius le dio un corto beso en los labios antes de dejarla pasar. —Hola, linda, que bueno que llegaste —dijo la madre de Rubén

