Era miércoles, última hora, clase de redacción, mi examen. Estaba con los nervios de punta, tenía que salir bien en este parcial o mis padres tendrían una excusa más para evitar que me juntara con mis amigos. –Bien jóvenes, tienes una hora cuarenta minutos para hacer su examen –habló la maestra mientras iba pasando los exámenes–, son dos tipos de examen por lo que no se preocupen en copiarse entre ustedes. Mi examen llegó a mis manos, lo tomé nerviosa y comencé a leer. –Recuerden, todas las respuestas en tinta negra, por favor –habló nuevamente la maestra–, éxito. El aula se quedó en completo silencio y después de unos segundos se comenzó a escuchar el sonido de los lápices dejando rastro por las hojas. Suspiré y por fin comencé a contestarlo. ... –Mierda –hablé mientras salía del au

