Sin decir ni mu, reculé los pasos recién dados y volví a abrir la puerta, pero esta vez para salir de ahí. Notaba la sombra pesada de mi padre en mi espalda, supongo que con la mirada fija en mí.
Ya que estaba fuera y además con el jefe, lo cual quería decir que tenía permiso de no estar en el comedor, me fui a encender un cigarro enseguida. Mientras lo buscaba en mis bolsillos, fui apoyando mi cuerpo en la pared y en cuanto lo tuve en la boca, encendiéndomelo, miré a mi padre a los ojos. Le hice una seña para que empezara.
-¿Dónde has estado? – no noté un tono desafiante, y ni mucho menos, enfadado. Simplemente, pude notar un resquicio de preocupación, y de mucha pena. Mi padre me había perdido, y era completamente consciente. No pude evitar sentir lástima. Aunque ciertamente, poco me duró ese sentimiento.
-Bill y yo nos quedamos fritos a las tantas de la noche, componiendo canciones. - primero asintió larga y lentamente, y luego hizo un chasquido con los labios.
-Tu coche no estaba. – entonces lo miré a los ojos, con el ceño fruncido y me entraron ganas de tirarle todo el humo a la cara. Pero me calmé. Respiré hondo y recapacité.
-Me lo llevé a la ciudad. Los dos estamos hasta los cojones del campamento. – solté sin tapujos. – como bebimos un poco, dormimos en casa. – creo que estaba dejando bastante claro lo que pasaba con Bill y conmigo, pero como se le ocurriera mencionar algo extraño, o juzgarme, se iba a llevar una hostia. Vi como me miraba seriamente, y luego ponía la cara más extraña que había visto en mi vida.
-Te aconsejo, que os olvidéis en cuanto acabe al campamento, porque esta historia no va a acabar bien. – dijo muy seriamente. Lo miré desafiante.
-Mira, me importa más bien poco lo que opines de este tema. A partir de ahora eres mi jefe, no mi padre. Y en cuanto acabe el campamento, ya veremos si pasas a ser sólo mi casero o me piro para siempre y dejo de ver tu puta cara, ¿me entiendes? Así que ahórrate los consejitos de padre. – éste respiró hondo y luego puso la cara muy seria.
-Está bien, pues si soy tu puto jefe, la próxima vez que faltes a una clase te hecho del puto campamento ya que tienes tantas ganas. Pero no vas a ver ni un puto duro. ¿Qué te parece? – y sin dejarme contestar, entró en el comedor.
Sentí tanta impotencia en ese instante que prácticamente destrocé el cigarro, que apenas estaba por la mitad. Lo pateé mil veces hasta acabar prácticamente enterrado en la tierra y luego intenté calmarme. Pero, fue imposible.
Justo, en aquel preciso instante, hizo su aparición un par de curvas morenas, con el pelo lleno de rastas. Se puso delante de mí, y se cruzó de brazos. Lo que me faltaba. Yo miraba al suelo, con la cabeza gacha, y en vez de levantarla, apenas alcé la mirada, sin demasiado esfuerzo, para mirarle a la cara. Le hice una seña con las cejas para que hablara.
-Hola a ti también. – dijo con algo de recelo. Me salió una risa cínica que esperaba dejar claro que no quería saber nada de amabilidades ni de los puñeteros modales.
-¿Qué es lo que pasa? – esta vez fui yo el que me crucé de brazos, y de nuevo, me volví a apoyar en la pared, la cual ya era la segunda vez que recibía mi espalda, ayudándome a soportar la mierda que me estaba trayendo la gente. Cuanta mierda hay en este puñetero mundo, joder.
-¿Qué es eso de que no voy a cantar? – dijo sin tapujos. En aquel momento abrí los ojos un montón, recordando aquella conversación que habíamos tenido el grupo entero donde habíamos considerado muy seriamente que Bill hacía mil veces mejor la parte de Erika. Intenté irme por la tangente, a ver si colaba…
-Oh vamos. Hemos hecho un par de ensayos con Bill, y el chaval no lo hace nada mal. – mientras decía esto, miraba al suelo, sabiendo que a Erika en cualquier momento le iba a salir una serpiente de las entrañas y se iba a comer las mías. Podía sentir su aura maligna, desprenderse de su cuerpo. Qué miedo.
-¿Y? – dijo, como si nada.
-Puees… Pues eso. ¿Qué más te da? Todos los años cantas tú, y Bill no va a volver el año que viene – Espero por lo que Dios más quiera, que sí vuelva.
-¿Y? – volvió a decir. Con esa voz fanfarrona que estaba empezando a sacarme de mis casillas.
-Mira, ha cambiado prácticamente toda la letra de todas las canciones, y las ha dejado perfectas. No te las podemos enseñar en lo poco que queda porque no tenemos tiempo. Y sobre todo porque se me está echando encima el teatro de los niños pequeños. – seguía sin mirarle a la cara, porque aunque sabía que era verdad todo lo que estaba diciendo, Erika era una chica que aunque era bastante independiente, le gustaba llamar la atención, y está claro que le estábamos destrozando una de las cosas que más le gustaba del verano.
Me miró con los ojos llorosos y tuve ganas de salir corriendo. Por dios, no quiero más lágrimas. Estoy hasta los cojones de los problemas. No le contesté nada de nada, ni ella parecía que fuera a decirme nada más. Yo lo único que sabía es que ella no se iba, y yo empezaba a tensar tanto la mandíbula, que me estaba haciendo incluso algo de daño.
-Este verano, casi no nos hemos visto… - y esta vez, noté como poco a poco se me estaba acercando. Alcé la cabeza muy deprisa, intentando controlar la situación. ¿Qué estaba haciendo? – Has estado completamente ausente. – Yo, como estaba recostado en la pared, los pies que estaban entrecruzados, estaban bastante separados de ésta, y ella separó los suyos, para dejar los míos en medio. Acercándose aún más. Me fui poniendo erguido lo más prudentemente que pude, vigilando sus movimientos.
-Ya, he estado algo liado… - dije, empezando a intentar apartarme de ella.
-Vámonos detrás del comedor un rato, ahí casi nunca hay gente… - entonces me empezó a rodear los hombros con sus brazos.
-Erika, tenemos que ir a comer. –intenté deshacerme de su abrazo, pero de golpe se me lanzó encima y me empezó a besar. Durante un instante me planteé qué hacer. Bill y yo habíamos decidido mantenerlo en secreto porque no era cuestión de tener a todo el mundo con el ojo puesto en nosotros, pero, ¿eso qué quería decir? ¿Tenía que mantener el resto de cosas como siempre? No, claro que no. Esto no lo podía permitir. Porque si yo me enterara que Bill hacía esto, lo mataba a él y al/a otro/a. Pero, ¿qué le decía yo a Erika? ¿Con qué motivo podía yo rechazarla sin que se diera cuenta? ¿Cuándo he rechazado yo a una chica? ¡Nunca!
Con la tontería, el beso estaba durando demasiado como para que el hecho de apartarla de golpe fuera creíble en cuanto a “primera reacción”, y eso me estaba estresando. Decidí dejar de pensar y me separé igualmente.
-Oye oye… No, lo siento – Erika me miró muy confundida. – Estoy… estoy con otra. – su cara fue de chiste, de hecho parecía que se iba aponer a reír.
-¿Con otra? ¿El gran Tom Kaulitz comprometido? Imposible… - y con un resquicio de sonrisa aun en los labios, intentó volver a abalanzarse sobre mí, pero ahora si supe pararla antes de que pasara nada.
-Que no, joder. Déjame. – me arreglé bien la camiseta, y cuando fui a entrar en el comedor, sin decirle nada más, una figura detrás de ella, se había quedado parada, mirando hacia aquí.
Era Ashley.
MIERDA.
Le intenté mandar señales telepáticos a ver si me miraba, pero ésta tenía la mirada fija en mi compañera de curro. Podía notar la ira por sus venas y no iba dirigida hacia mí. Cuando intenté llegar hasta ella, la pelirroja ya le había agarrado las rastas a la otra por detrás, y le tiraba del pelo hacia el suelo, prácticamente tirándola.
-¡¡AAAAAAHHHHH!! – chilló Erika. Me cago en la puta.
-¡Ashley! ¿Para, qué estás haciendo? – dije completamente anonadado.
-Tú cállate, que también te mereces una hostia. – dijo sin mirarme, concentrada en su actual oponente, que estaba empezando a reaccionar.
-¿Pero qué coño haces, puta? – le dijo Erika, apunto de pegarle una bofetada, que Ashley apartó con el codo. Éste acabó yendo directamente a su nariz y cuando volvió a ser visible, estaba sangrando. - ¡AARGGG! – volvió a chillar.
-¡Está conmigo! ¡Y te pienso matar, zorra! – mi cara de póker creo que no se podría describir más que con una foto. Me quedé tan en shock que no podía ni reaccionar. ¿Estaba encubriendo a Bill aplicando la venganza de todas maneras?
Apuesto a que si Bill lo hubiera visto, estaría haciendo lo mismo que ella. Bueno, si pudiera hacerlo. Porque no lo sabe nadie. Tendría que haberse tragado las ganas de pegarle. Pero sin embargo, Ashley sí podía fingir estar conmigo, para que al menos, ésta se llevara un par de puñetazos.
Tom, deja de pensar.
Se están pegando.
Tom, que se están pegando.
Mmm… dos chicas pegándose por mí…
¡TOM!
-¡ASHLEY, SUÉLTALA! – entre tanta mano revoloteando no sé como me las ingenié para poder agarrar a la pelirroja de la cintura, y sacarla del área de pelea. Pero algo acabó fallando, ya que al tenerla cogida de esa manera, no dudó en pegarme con un pie en los huevos. Lo que me hizo doblarme enseguida en el suelo, sin soltarla, pero muriéndome de dolor. – Aahhh… - más que un chillido, fue un grito ahogado.
-Te lo mereces… - le oí decir. – ¡Tom, suéltame que vuelve! – y sacando fuerzas de flaqueza, me levanté, prácticamente con una lágrima saliéndome de un ojo, solté un brazo y lo utilicé para ponérselo a Erika en el abdomen, y que no avanzara más.
-Vale, ya está por dios, parad de una vez. Las dos estáis sangrando.- Y era verdad, ya que si la morena tenía la nariz roja, a Ashley era el labio el que parecía empezar a sangrar. Notaba como Erika hacía fuerza hacia mí para intentar que la pelea continuara. Por su parte, Ashley prácticamente me estaba arañando el brazo con la que la tenía retenida, pero le resultó en vano. - ¡ME CAGO EN LA PUTA, QUE PARÉIS LAS DOS! – y sin querer, le pegué tal empujón a Erika que casi la tiré al suelo.
Ante este gesto, la morena me miró con tristeza, y luego dirigió su vista al suelo. Finalmente se dio media vuelta, y desapareció por el sitio opuesto al comedor.
-Ts… encima se va ofendida. – dijo la pelirroja, mientras se separaba de mí, y se colocaba bien toda la ropa que la chica de rastas, le había descolocado. Prácticamente tenía una manga raída, de un estirón bien dado. – Uh cuidado, un tío le da un empujoncito de nada, y se va con la cola entre las piernas… - esta estaba hablando para si sola, pero en voz alta. Después, me miró fijamente y simplemente soltó: – Tú, yo, ahora, comedor.
Me sorprendí de ese comentario, y con una cara de gilipollas, me dediqué a seguirla.
Otra vez volvía a no sentarme en mi sitio, y mi jefe vino a echarme la bronca, pero antes de que pronunciara ni palabra, le señalé la sangre de Ashley, dándole a entender que si estaba sentado ahí, era por que ella me necesitaba. Vi como tensaba la mandíbula de la rabia, pero acabó aceptando eso.
La pelirroja había usado una servilleta mojada para limpiarse la sangre, y yo le estaba aguantando el móvil, que con la cámara interna ésta se dedicaba a mirarse hasta que todo rastro hubiera desaparecido.
Después se levantó y fue a tirar la servilleta. Mientras yo, removía la comida que tenía en el plato, sin llegar a probar bocado. No tenía hambre.
Faltaba un cuarto de hora para las dos, y ya se estaba empezando a llenar el comedor, pero no había rastro ni de Bill, ni de mis mariconcetes, ni de Georg. Solos Ashley y yo. Creo que jamás me había visto en esta situación.
Cuando volvió, pinchó un par de macarrones y se los metió en la boca, pero acto seguido hizo cara de dolor, empezando a masticar duramente, con una expresión muy extraña tapándose la boca. Genial, ahora ya no podía comer.
-Puta rastas de mierda… - dijo en un tono de voz bajito pero que yo sí alcancé a oír. La miré con media sonrisa, y luego fingí algo de indignación. Me toqué las rastas, haciendo evidente el porqué de mi pequeña cara triste y la pelirroja después se rió. – Vale, lo siento… - Se frotó un poco el labio y fue a hablar. – Oye, siento el numerito, pero de pronto lo he sentido en la piel. Me ha invadido la rabia y…
-Ya, lo sé. Me lo he imaginado. En realidad yo soy quien me merezco la hostia.
-Sí, eso no te lo discuto, pero he oído como la apartabas y ella seguía insistiendo, así que la zorra ya estaba avisada de que tú estabas ocupado. Y como justo has dicho que “estabas con otra”, pues he visto la oportunidad bastante rápido.
-Bueno, supongo que tienes razón.
-Pero a ver, ¿en qué coño estabas pensando? ¡Apártala a la primera de cambio! – y de la rabia le dio por empujar hacia el centro de la mesa, el plato de macarrones, que de poco no acaba volcado. – joder, me siento ridícula echándote la bronca, pero ahora no puedo comer por tu culpa. – se señaló el problemita del labio, con las manos.
-A ver, en realidad te has metido tú sola…
-¡Estaba defendiendo a Bill! Soy su mejor amiga, y estaba con todo el derecho. Aparte, si lo llega a ver él, apuesto a que sólo podría habértelo recriminado “en privado” y sin que repercutiera en la cara de la otra… - puso un gesto de asco al acordarse de ella.
-Es lo mismo que he pensado yo. Y después me he imaginado la escena al revés, y me ha empezado a hervir la sangre de sólo imaginármelo. La verdad es que no sé cómo habría actuado… ¿Se lo vas a contar…? – Me daba pánico que Bill se enfadara ahora conmigo, estábamos tan bien, que sólo imaginarme que algo así pasara, me daba náuseas. Mi padre, Erika, y ahora él. No tío, no lo podría soportar.
-A ver, claro que sí. – dijo enseguida haciendo que el corazón me diera un vuelco– Y sé que eso es tema tuyo, pero tío, tengo el labio roto, y la otra tiene la nariz que parece hecha por Picasso, algo sospechará… - Fue a pegarle un sorbo al agua, y volvió a poner cara de dolor. Después continuó. – Pero… No te preocupes, yo te ayudo a maquillarlo para que no salgas mal parado. Al fin y al cavo, a mi se me han ido los estribos y yo lo he empeorado.
-Y ahora Erika se piensa que estamos liados… - le recordé, de pronto. Esta abrió los ojos y después se tapó la boca con la mano, algo estupefacta.
-Mierda tío, tienes razón. Pero bueno, no habrá que fingir nada, ¿no? – dijo, poniendo cara de asco. ¿Cómo que cara de asco? Será posible…
-No no, para nada.
Hubo un momento de silencio en donde los dos empezamos a comer. Ashley a duras penas, y con cara de tristeza, y yo poco a poco, para no dejarla sola.
-Pensarás que estoy loca… - dijo de pronto, riéndose con ironía de si misma.
-Pues un poco sí, la verdad. – de pronto, me di cuenta de algo… - Una cosa, sé que es meterme en asuntos ajenos, pero bueno, como tú lo has hecho antes, te jodes. – ésta puso los ojos en blanco y luego sonrió.
-Dime
-¿No se supone que tú quieres ver a Bill soltero? – la pelirroja empezó a ruborizarse tanto, que el moratón empezaba a difuminarse y perderse en su rostro. – Me refiero, que no llego a entender que hayas saltado a defenderle de esa manera. -Ashley perdió la mirada en el plato, y empezó a remover la comida, nerviosa. Noté como le empezaba a temblar el labio, y dudaba que fuera por el golpe. – Oye, da igual… lo siento.
-No no, tienes razón, he actuado bastante extraño. – Negó un momento con la cabeza, saliendo de sus pensamientos, y luego me miró fijamente inhalando mucho aire de golpe, para acabar soltandolo sonoramente. – A ver, en realidad estoy tan acostumbrada a ver a Bill con novia, que el hecho de que esté soltero, es algo que no suele pasar. Simplemente, cuando os he visto, he pensado en él y en su reacción, y bueno, ya lo conoces… Se habría ido llorando y todo eso. Y como yo soy “el hombre” de los dos, pues he sentido que tenía que protegerle, aunque en realidad no le deba algo así. Yo que sé, me ha salido la vena protectora. Al fin y al cavo, quiero lo mejor para él. – y mientras decía eso, creo que estaba murmurando algún maleficio en voz baja mientras miraba con incredulidad al plato, pensando en su actuación. – Soy imbécil. Repasándolo ahora, está claro que soy imbécil… - volvió a pinchar un par de macarrones y esta vez, pareció que no le costaba tanto. Pero, aún así, quise seguir preguntándole sobre el tema.
-Oye, ¿cuanto hace que te gusta Bill? Si, puedo preguntarlo, claro. – Ashley puso cara de estar pensándoselo bastante, pero después con una sonrisa me acabó contestando.
-Pues des de siempre. Y es bastante extraño, porque bueno, tú ya sabes que Bill no es que sea muy masculino… En realidad es prácticamente lo opuesto a un hombre. – después se empezó a reír mucho y agregó - ¿sabes? Yo he llegado a pensar seriamente que a mi en realidad me gustan las mujeres, y Bill es como esa pequeña posibilidad de ser hetero por ahí escondida. Como esa última oportunidad.
-¿De verdad? – mi cara de asombro llegaba al suelo.
-Te lo prometo. Porque si no, no entiendo esto. O es amor de verdad, o yo que sé… Mira a Georg, es muy mono, y es un tío de verdad, pero ya ves… No me gusta.
-¿Has estado con muchos tíos? – Tom consejero al habla, ¿dígame?
-¿Hablas de sexo exclusivamente? – asentí. – Bueno, casi con diez, incluyendo a Bill. – Crack, crack CRACK. No me acordaba. Durante un instante me entraron unos celos bastante extraños.
-¿Y entre el resto y Bill, notaste alguna diferencia? – Tom, disimula el puñetazo emocional en el estómago.
-Con Bill me gustó mucho más, pero claro eso puede ser simplemente porque me gusta él. – dijo, casi para si misma. De pronto, me sentí muy incómodo hablando de esto.
-¿De verdad quieres compartir esto conmigo? – la cara que puso me dejó petrificado. Fue como cuando le das cuerda a una chica y de pronto le dices “cállate” y ella se pensaba que estabas muy contento de hablar con ella, pero resultaba que no era así. Creo que se estaba sintiendo avergonzada de haberse empezado a abrir tanto conmigo. Me retracté enseguida. – A ver a ver, tranquila. A mi no me importa, de hecho llevo un día de cabreos con todo el mundo, así que la charla me esta animando bastante, lo digo porque estas cosas son bastante personales, e igual prefieres guardártelas… - vi como esta poco a poco se estaba relajando.
-Bueno, igual sí que es un poco incomodo hablar de Bill cuando ahora estas tú con él… ¿Volvemos al tema de mi lesbianismo? – se empezó a reír por el comentario, y yo también ensanché una sonrisa.
-¡Claro! ¿Quién dirías que está más buena de todo tu curso? Igual si te liamos con ella, acabas de descubrir qué es lo que te pasa… Yo soy un maestro con las ladys, y te puedo echar una mano. – no pude evitar guiñarle un ojo ante ese comentario.
-Buft, imposible. Esa está prohibida, pregúntale a quien quieras, pero la que está más buena de toda mi universidad es la novia de Bill. Bueno, ahora ya es su ex. – dijo sin pensarselo dos veces. Abrí los ojos como platos, y me incorporé enseguida.
-¿De verdad? ¿Enserio está tan buena? – dije sin poder creérmelo. ¿Que el marica de Bill había estado con un pibón homologado? y de pronto caí en un detalle. – Espera espera espera, ESPERA. ¿¡Y está aquí?! – dije, incrédulo. Ashley se asustó de mi reacción y se tiró hacia atrás.
-Nonononoo… E-e-eella… Ella está en Berlín. No quiso venirse. – Ashley no me miraba a la cara y eso me estaba dejando algo preocupado. De pronto volvió a mi primera pregunta. – Y sí, es una diosa del desierto. Es preciosa y esta realmente muy buena. – mierda, me entró la curiosidad.
-¿Cómo es?
-Pues… Latina, con una tez caramelo que te derrite. Casi tan alta como él, un culo impresionante, unas tetas que parecen operadas pero que según Bill, no lo son… - Ashley empezaba a recrearse ella sola en todo lo que estaba diciendo.
-Jooder… Uno, parece que hables de la profesora, ¿se le parece? Y dos, joder niña, seguro que a ti te van secretamente los coños. – dije, pegándole tal trago al agua que me la acabé. La risa de fondo de Ashley, me estaba alegrando lo que quedaba de mañana. No es que stuviéramos teniendo una conversación masculina, pero hablar de tetas culos y coños, me estaba haciendo sentir bien.
-¡Pues sí! Se parecen mucho, hay quien dice que podrían ser hermanas gemelas o parientes muy cercanas. – dijo riéndose aún. ¿Qué sería tan gracioso?
-Maaaadre mía con Bill. Se va con la crème de la crème. – dije mientras me auto señalaba, levantándome un poco la camiseta por la zona del pecho, y aireándola.
-Tsss menudos humos, colega.- dijo alzando una ceja, como fanfarroneando.
-Oye oye, ¿y si te intentamos ligar a la profe? – de pronto me emocioné yo solo con la idea. Buuufttt, lo que daba por un ver un video de eso. – Aunque el primer día ya lo intenté yo, y me dijo que si blablablá tengo novio blablablá. – dije, con voz de burla, recordando aquella primera conversación con ella. Por su parte, a Ashley se le había cambiado el semblante.
-Ya no tiene. Lo dejaron hace poco. – dijo, con una mirada reflexiva.
-¡Hostias, pues de puta madre! Yo os encierro rápidamente en una de las habitaciones del edificio de los profes y ya me dices que tal… - dije guiñándole un ojo.
-¿Dawn, bollera? No lo creo…
-Ya, bueno. Igual deberías probar con la ex de Bill, porque si ha estado con él, igual le pasa como a ti.- reflexioné muy rápido. – Aunque claro, es su ex… Y en principio las exs están prohibidas. Aunque por otro lado, tú estabas prohibida para Bill, por que a Georg le gustabas tú, y aun así, hizo lo que quiso… - de pronto me perdí en todas mis reflexiones. – En fin, estáis todos como cabras. ¿Crees que le importaría si intentas ligarte a su ex? En principio, él ya es feliz conmigo, y tú quieres olvidarte de él… Cadena de favores, de toda la vida. – creo que se me pintó una sonrisa en la cara después de esta gran reflexión. A veces soy realmente estúpido.
-Yo creo que antes, le deja ese privilegio a Georg, para que al menos moje un poco el chaval… A demás, tú ya estás maquinando, ¡y ni siquiera sé si me gustan las tías! Me gusta Bill, eso sí.
-Lo que tú quieras, pero te lo has estado planteando… - y mientras decía eso, me apoyaba lentamente en la silla, lo cual cosa me permitía una visión más amplia del resto del comedor, y justo vi a Bill acercarse de lejos. Me incorporé de golpe, y le hice señas a Ashley con los ojos y las cejas, avisándola. Ésta me entendió a la perfección y carraspeó un poco con la garganta, como si estuviera preparando para salir a un escenario, y dar lo mejor de si en una obra de teatro.
Mi chico me sonrió de lejos, caminando de una manera bastante extraña. Con la bandeja en la mano se fue acercando poco a poco hasta sentarse al lado de la pelirroja, con cara de gran confusión. Aunque sinceramente, ese sentimiento de desconcierto también se podía ver reflejado en mi rostro porque estaba siendo realmente extraña la manera en la que Bill se estaba intentando sentar.
Primero dejó la bandeja y luego fue descendiendo hasta la silla lo más lenta y pesadamente que pudo. Noté como se le habían crispado un poco las facciones al apoyarse del todo. ¿Pero qué diablos…?
De pronto caí en lo evidente.
¡¡Le dolía el culo!!