un poco.
De pronto me entró el pánico.
¡Mierda, mierda! Se me mueve el pelo. No podía permitir que se me viera el cuello por ninguna de las maneras. ¡Tom me lo había dejado marcado por todas partes! Tenía al menos tres chupetones recientes, rojos como el pigmento mismo y no era plan de que lo viera… nadie. Ni sus amigos, ni mucho menos Ashley.
Es cierto, que de la emoción que tenía ayer por la noche, le envié un mensaje diciéndole que íbamos a compartir cabaña. Pero ya está.
Ash no sabe nada del tema, nada de nada. Si realmente llegaba a pasar algo entre nosotros dos, ya se lo diría.
Pero volviendo al tema de los chupetones, yo estaba deseando que Tom los viera y la boca le llegara al suelo, ya que de seguro no tiene ni idea de lo cardenales que me ha dejado.
-¿Y tú qué opinas al respecto Bill? – la voz de Andy me alteró. Sentí una mini descarga, como si me hubieran arrancado de un sueño de golpe.
-¿Eh…? Oh, perdón me he despistado. ¿De qué habláis? – me disculpé.
-Del hambre en el mundo – dijo Ash.
-¿Del qué…? –Alcé una ceja y los miré a ambos pensando que era una broma, pero ninguno de los dos parecía que decían una mentira – Pues… ¿Que es una putada? No sé…
-¡Que es broma, gilipollas! – me dijo Ash, pegándome una colleja y saltando para conseguirlo.
-Lo que pasa es que llevas todo el camino empanado y ni te has dado cuenta de que nos hemos parado. –esta vez fue de nuevo Andy.
Miré a mí alrededor y pude ver que era cierto. Estábamos en medio del campo de básquet, con el césped un tanto morroñoso, y con unas canastas algo viejas, pero cuidadas.
Estábamos en círculo y los cuatro me miraban. Incluso Tom.
Me empecé a poner nervioso.
-Ah… Ya bueno. Estoy en mi mundo. ¿Por qué nos hemos parado? –pregunté, por sacar tema.
-Estamos esperando a que Erik traiga a los niños hasta aquí – la grabe voz de Tom sonó en el contexto de la situación y pareció que hablara más fuerte, clavándose en mis tímpanos.
Me sentí obligado a mirarle a los ojos. Lo hice desde una perspectiva baja, arrugando los labios a un lado. Este alzó una ceja momentáneamente cuando nuestras miradas se cruzaron.
Dios, y pensar que este simple gesto, de mirarnos, había sido acompañado por un sinfín de besos en mi cabaña… Los nervios que se acumulan en mi estómago cada vez que lo recuerdo, no me dejaban alejar ese pensamiento por más de diez minutos.
-Ajá… -me limité a contestar. Vi como rodaba los ojos, cansado de mis esquivadas. ¡Mierda, tiene razón! ¡Lo esquivo sin motivos! ¡No tengo porque enfadarme!
Pero quiero que venga él, quiero que él me pregunte qué me pasa, que se preocupe un poco… Ya sabe que le quiero. No hace falta que me declare. Ahora le toca a él moverse. Le toca a él decir lo siguiente, aunque también preferiría decírselo en persona.
Quería sincerarme con él delante, ver su reacción, y así saber si me tengo que rendir o he de seguir a delante.
No nos dijimos nada en toda la mañana. Lo único que llegamos a intercambiar fueron miradas en las que se nos notaba las ganas que teníamos de hablarlos de una vez. Nos decíamos con los ojos, lo gilipollas que éramos por dejarnos llevar por el orgullo.
Tom
Me estaba enfadando con el mundo. Y sobre todo con el moreno del pelo largo. ¿¡Porque no me dice nada, cojones?! Apreté los puños con fuerza de la impotencia que me daba toda esta situación tan gilipollas, y puse cara de mala hostia.
La comida había sido normal. De lejos estaban Bill y Ash comiendo en su mesa, riéndose y hablando, pero no había rastro de Georg en ningún sitio. Yo por mi parte, estaba soportando la gilipollez de los dos maricas. Entre que no se hablaban y parecía que se odiaban, esto parecía un circo.
-Tom, dile a Andreas que me pase la sal – dijo Mario, lo más borde que pudo.
Pero a mí no me hacía falta decir ni una palabra, se contestaban sin que yo llegara a intervenir.
-Tom, dile tú a Mario Mahler López que la sal la tiene delante de sus narices. – el cual en cuanto oyó su nombre entero, soltó un grito agudo que hizo que se girara media mesa.
-¿Será posible? Tom, dile que se vaya a tomar p… jdoshlfhdwoufelasbapdowua – le tapé la boca con la mano y le señalé a mi padre y al resto de profesorado. Este se sonrojó y cayó, escondiendo la vista en su plato.
-A ver si maduráis de una vez… - dije al cavo de unos minutos.
-¿Qué? – me miró seriamente, y después negó con la cabeza. Pensé que no iba a decir nada más cuando agregó- ¿Nosotros? Pero si no le has dicho palabra a Bill en toda la mañana. Esperáis a que el otro os hable y al final pasarán días hasta que alguno se decida. - me dijo Mario.
Me quedé parado, mirándolo, con la boca abierta y el tenedor apunto de introducirse en ella. Después noté que la comida que había en él, se resbaló cayéndose de nuevo en plato. Bajé la cabeza y suspiré.
Vale, no soy el más oportuno para hablar.
-Ya, bueno… - no quise decir mucho más, ya que, no sabía bien del todo, qué decir. ¿Que me estoy comportando como un crio? Sí, es posible. Pero no pensaba decirlo en voz alta.
-¿Y si te levantas ahora mismo y le dices algo?
Le miré atónito, casi sin creerme lo que había dicho.
-¿Qué, ahora?
-Sí, claro, míralo está hablando con Ash, y está jugando con la comida del plato. No sé qué coño tiene en el pelo que no para de tocárselo como si fuera un tic nervioso, y mira al suelo mientras intercambia frases con Ash, tristes. ¡Mira qué cara! ¡Está ofuscado! Seguro que están hablando de ti, y de que no le has dicho nada. Vamos, ¿no ves que Bill es casi como una chica? A él le afectan más estas cosas. A un tío también, no te creas que no, yo mismo me pondría igual, pe…
-Tom, dile a Mario Mahler López, que no es el más indicado para hablar…
Y de pronto, los ojos de Mario, que estaban fijos en los míos, como cada vez que me habla seriamente, se crisparon en una mueca de cansancio. Suspiró, y después alzó una ceja. Giró la cabeza hasta mirar directamente a su novio (novio en crisis), y movió la cabeza como una de esas tías negras de las películas, marcando territorio.
-¿Qué has dicho?
-Lo que has oído… Nenaza. – Oh oh. Oh Oh. Andy, la has cagado. Sabes que no deberías haber dicho eso.
Noté que la mano de Mario buscaba algo en la mesa, y después de palpar y palpar todo lo que tuviera cerca, sin tan sólo mirar, sin quitarle ojo de encima a Andreas, encontró aquello que estaba intentando hallar.
No me dio tiempo a ver qué era, pero sólo sé que sus manos, que quedaron tapadas por su cuerpo, ya que ahora estaba de espaldas a mí, parecía que estuvieran destapando algo.
Miedo me dio.
-¿Qué coñ…? – Andy intentó decir algo, pero ese algo quedó silenciado y acto seguido se le unió un grito – ¡¡AAAAAAAAAAAAAH!! - ¿os acordáis de la sal? Vale, pues Mario se la tiró por toda la cabeza.
-¡Tom! ¡No gritéis! – mi padre se alarmó al oír tanto jaleo, y no sólo él se cercioró, medio comedor se dio cuenta. - ¡Bajad la voz, por el amor de dios!
Yo le miré atónito.
-¿¡Qué!?, ¡pero si yo no...!
-Ts, recoged lo que es vuestro e id a preparar la clase de ahora. A las tres has de seguir preparando el teatro con los niños, y a las nueve tienes la clase de mitad de campamento con los de catorce y dieciséis años.
Abrí los ojos y después los puse en blanco. Oh… Qué palo. Esa clase era muy aburrida. Bueno, todas lo eran, pero está en especial. Se tenía que jugar a lo que los adolescentes quisieran, y casi siempre eran juegos de mierda.
Asentí al recordatorio de mi padre y acto seguido vi a Andreas, que me pillaba las llaves de la cabaña y se largaba.
-Me voy a duchar, dile al mamonazo ese, que la ha liado mucho.
Miré a Mario y este giró la cabeza enseguida, tenía los ojos llorosos.
Suspiré. Otra vez la misma historia. Se peleaban y se reconciliaban, se peleaban y se reconciliaban, y mientras yo, como siempre, tenía que estar en medio como si fuese un cartero, un intermediario, un… No sé, el caso es que no sólo hacía de cartero, sino de confesor. Ahora me tocaría escuchar a Mario llorar, por la gran y absurda tontería de lo que les había pasado. Y más tarde, cuando me juntara con mi otro mariconcete personal, me tocaría aguantar el discurso de rabia contenida, y el “Tom, ¿y ahora qué hago? Quiero estar bien con él, pero me puede este *y aquí introducir la palabra del problema que tenían en esos momentos*”.
Pero ahora tenía a Mario delante. Junté nuestras sillas lo más próximas posibles, y le di un gran achuchón.
Le pillé desprevenido puesto que me miró con los ojos abiertos, húmedos, y dejando escapar alguna que otra lágrima.
Le miré con la boca de lado, mostrando mi desaprobación, pero que de todas formas, no le iba a decir que no llorara.
Le sequé las lágrimas con mi mano y después le abracé fuerte. Éste, aprovechó el momento y me pasó los brazos por el cuello.
-Es tan tonto… No sé lo qué he visto en él. - lloró.
-¿Qué más da lo que hayas visto? El caso es que no te es indiferente… - y una vez más, el Tom sentimental y comprensivo salió a la luz, para demostrar lo buen amigo que era.
-Ya… - y se sorbió la nariz.
-A más, lo mejor de las peleas, son siempre las reconciliaciones. - y le guiñé un ojo.
Este me miró rojo con un tomate, desde una perspectiva baja y después me besó la mejilla.
-Tom, qué haría yo sin ti, c*****o integral – me dijo amistosamente.
Le di una colleja.
Bill
Eran las nueve y media de la noche, y ya estaba empezando a anochecer. Yo había estado toda la tarde metido en mi cabaña intentando avanzar algo de los deberes que tenía pendientes, y bueno, todo lo que era dibujo técnico, ya lo tenía acabado. Era lo que más odiaba, y así ya lo tenía adelantado.
También he estado componiendo un poco, pero eran letras tan absurdas que las he acabado tirando a la basura. ¡Todas hablaban de lo mismo! Del desamor, de las ganas de que ser correspondido… Ya ni me conozco… Ni se me reconocer. Yo, hablando de amor de verdad, yo, pensando en alguien las veinticuatro horas del día.
Los últimos momentos de la hora de comer han sido tan tiernos… He visto entrara la escena en que Andy salía por la puerta, indignadísimo y Mario se ponía a llorar. Después, Tom le consolaba y hacía de amigo protector.
Mario ya me había explicado un poco, el follón que habían tenido por la noche, y la verdad es que hablando me he dado cuenta que es un chico muy simpático. Aunque a veces es tan lanzado y directo que me da miedo, pero por el resto de cosas, es cariñoso y dulce. ¡Y me ha dicho que me ha pillado confianza enseguida! ¡Es un sol!
Me había quedado embobado mirando a la ventana, y de pronto empezó a sonar una melodía de fondo. ¡Mí móvil! Vaya, casi me había olvidado de que existía.
Me acerqué al único enchufe aparte del que había en el baño, dónde lo tenía conectado a la corriente, cargándose. Me agaché, y finalmente, miré la pantalla. Descolgué.
-¿Ashley? – vaya, que raro que me llamara a esta hora. ¿Llego a la cena?
-¡Bill…! Em… Bill… Biiill… Mierda, no se me ocurre nada ahora para ponerte de mote. – una voz masculina, sonó al otro lado de la línea. – Bueno, es igual. ¡Bill! ¡Que soy Mario! Me he encontrado a Ashley ahora mismo, y Tom me ha dicho que en la clase que tiene ahora, van a cenar fuera. Se ve que es una clase especial. Bueno, ha empezado hace media hora creo, pero es igual. ¿Te vienes? Ash y yo vamos a ir a buscar al c*****o de mi novio a la cabaña de Tom, porque creo que se ha caído por el inodoro o algo y no aparece… Al caso, ¡¡vente!! Ni preguntas ni leches, ¡te lo ordeno! ¡Nos vemos en el campo de fútbol en media hora, ¿vale? Ha dicho Putom que nos viene a recoger ahí, que nos tiene que llevar él.
-¡Uoh Uoh! Cuánta información junta… ¡Para el carro! – este carraspeó al otro lado del teléfono. Impaciente. - ¿Dentro de media hora en el campo de básquet?
-Sí, de fútbol, de básquet, qué más da, se utiliza pelota en los dos deportes…
-Jajajaja
-¡Nos vemos ahí Bill…! ¡Biiiilll....! Mierda, no se me ocurre nada aún. - dijo ofuscado.
-Anda, date una vuelta y aclárate las ideas - me reí – ¡nos vemos ahora!
-Bye Bye.
¡¡Vale, iba a ver a Tom otra vez, y ahora si que no iba a escapar de decirle algo!! ¡Tengo que vestirme bien! ¡Y sólo tengo media hora!
¡Mierda!
¿Qué me pongo? ¡¿Qué me pongo?!
Tom
Me cago en la puta. Hace más de diez minutos que estoy esperando y no hay rastro de nadie. ¡Yo no puedo abandonar la clase así como así! ¡Cómo me pille mi padre me mata!
Joder, me estaba empezando a desesperar. Miraba el reloj a cada segundo y éste parecía retroceder dos. ¡Qué lento pasaba el tiempo, hostia!
Me senté en el suelo y empecé a arrancar hierba, como si fuera un tic nervioso. Cogía todos los hierbajos que mi mano me permitía y después dejaba que el viento se los llevara.
-Me abuuurroo… - le dije al aire, cansado de no decir nada.
Mierda, el silencio me hacía pensar demasiado. ¿Vendría Bill? Oh, ojalá que sí. Me he dicho a mí mismo que esta vez le saludaría yo. No importaba que él no viniera a hacerlo, tenía que ir yo, tenía que ser el maduro de los dos. De algo tenía que servir el golpe de atención que me había dado Mario.
Pero éste mismo sólo me había dicho que estaban Ash y él, y que si podían iban a por los otros dos. Joder, ojalá que venga.
Fruí a mirar la hora, pero de pronto…
-¡Putooom! – una voz de nenaza amariconada, sonó en la longitud del campo, justo en el extremo opuesto al mío. Giré la cabeza instintivamente y los focos del campo me dejaron ver a cuatro siluetas avanzando hasta mí.
El más alto, casi empatando con Andy, era, sin duda alguna…
-Bill. –susurré su nombre en voz alta.
Poco a poco se fueron acercando y cuando ya estaban a un metro de mí, le miré directamente. Me sorprendió que él también lo hiciera. Me sonrió. ¡¡SÍ, TOMA!! ¡¡TOMA, TOMA!! Sonreí ampliamente al instante. ¡¡ME HA SALUDADO!! Bueno, o al menos algo parecido.
-Venga, arriba os digo hola decentemente. Que tengo a los alumnos abandonados.
-¿Arriba? – oí de la pelirroja.
-Sí, preciosa, sí. Es en un plano a mitad de la montaña, no muy alto, por eso. Conecta con una pendiente bastante pronunciada, pero que se baja perfectamente, con el lago. Es muy bonito. Ya lo veréis.
-¡Ala, qué pasada! – y de nuevo la Ashley habló, saltando sonriente.
Llegamos en unos instantes, apenas cinco minutos, no era mucho el trozo, pero era lioso en sí,. Aunque claro está, yo podría hacerme el camino con los ojos vendados.
Llegamos a ver el final de la cuesta, infestada de arboles, cuando el cielo que se divisaba después de tantas copas verdes, apenas tenía un resquicio anaranjado en el horizonte, dándonos a entender que el día acababa de morir del todo. Entonces vimos unos brillos en el cielo.
-Perfecto – dije bajito, casi para mis adentros.
Un gran alboroto se inició detrás de mí, entre los cuatro. Hablaban y discutían sobre qué podría ser ese color y esos destellos. Más de uno me preguntó, intrigado. De hecho, me lo preguntaron todos, excepto Bill. A todas y cada una de las veces, respondí lo mismo.
-Estáis a dos pasos de descubrirlo. Esperaos, coño. – vale, mentira. La última vez que lo dije soné más borde.
Seguí subiendo la cuesta y ya empecé a ver millones de cabezas adolescentes, revoloteando por el plano. Hasta que pude ver todo el panorama entero.
-Vaya… - me sorprendí yo solo.
Detrás de mí empezaron a subir todos en hilera. Primero llegó Andy, que se colocó a un lado, y miró al frente, estupefacto. Después le siguió el novio, que se quedó más o menos igual. La siguiente la chica, que se puso a chillar casi de la emoción.
Y el último… El último casi se tropieza con el fango que había.
-Auch… - me quejé. – ¡Mierda, me has hecho daño! – Bill me había cogido fuerte en cuanto notó que iba a darse contra el suelo y me había clavado las uñas en el brazo. Las uñas de AMBAS manos, como si fuera poco.
-Lo… Lo siento, Tom. - y retirándome un poco hacia atrás, respecto a la hilera que los cinco habíamos formado mirando el alboroto que se había formado ahí, Bill me cogió el brazo entero, apoyando la cabeza. – Qué pasada…
El corazón me empezó a bombear tan deprisa que creo que Bill lo llegaba a oír. La verdad es que la escena, era ahora demasiado ñoña e incluso… vomitiva, para mi gusto. Pero bonita al fin y al cabo.
Delante de nosotros se habría paso una gran hoguera, esa hoguera que se hace con “los mayores”, a mitad de campamento, donde se juega a mierdas que ellos quieren, y que acaba a la una de la mañana. Normalmente, es entretenida, pero siempre hay un año malo en el que se te puede hacer eterna la fiesta.
Pero lo que ahora importaba, es que Bill estaba maravillado. Me apretaba el brazo con fuerza de lo que le gustaba lo que estaba viendo. Lo cierto, es que nos había quedado de puta madre la hoguera. Era perfectamente controlable, ya que estábamos en la zona más húmeda del bosque, con no sé cuantos extintores que he tenido que cargar YO SOLO, hasta aquí arriba, y con un gran descampado por delante.
La llama era bastante alta, e iluminaba los preciosos ojos de Bill.
-¿Te gusta? – le pregunté por lo bajinis.
-Me encanta… - y entonces se soltó. Lo miré extrañado. Este tenía una media sonrisa de lado, algo triste, pero era una sonrisa al fin y al cabo. ¿Qué coño le pasaría? ¿Qué coño ha podido pasar en esa hora y media en que no he estado con él para que se pusiera así? ¿No le habrá dicho Mario nada raro de mi, no? Imposible, Mario no es de esos, y menos hablando de mí. Pero joder, ¿entonces qué coño tenía conmigo? – Por cierto, - de nuevo él captó toda mi atención - Hola…
Me saludó.
Vaya, me ha saludado él. Al final lo ha hecho él. Tom, que él le haya echado más huevos que tú, tiene tela.
-Hola… - le contesté.
Éste se sonrojó y escondió la cabeza con el pelo. De pronto, algo me vino a la cabeza. La imagen del chico que tenía delante, peinándose incansablemente sus cabellos de seda negra una y otra vez, sin cesar. Me decidí por preguntarle.
-Oye… ¿Qué te pasa con el pelo? ¿Por qué no paras de taparte? – le miré interrogante, y éste volvió a alzar la cabeza a mí, con los ojos abiertos y muy sorprendido, casi cortado podría decir.
-Bububuenno… eesqueque… - miro al suelo, azorado – mimimimíralo tú mismo. -y giró la cabeza hacia un lado. Fruncí el entrecejo y alcé una mano. Con algo de miedo, aparté la cortina negra que me separaba de la visión de su cuello y de pronto ¡PAM! Unos moratones, violetas y de colores extraños me golpearon en la vista.
-¡¡La madre quee…!! – pero no pude seguir sorprendiéndome porque Bill me tapó la boca.
-Shh… ¡Calla! ¿No ves que se van a dar cuenta?
-¿Eso te lo he hecho yo…? – pregunté, lo más bajo posible, señalando con el dedo. Este se limitó a asentir, rojo como un tomate. – Uaau… - me sorprendí de mi mismo - ¿Y ya se han puesto así?
-Eso parece… - pero de golpe, se puso serio y recto, mirando al frente. Al parecer, Andy se había girado a decirnos algo. Joder, qué oportuno. Le miré y le pregunté con la mirada, algo demasiado serio, diría yo.
-¿Vamos tirando?
-Sí sí…
Bill
Llegamos al centro de todo el grupo de chicos y yo ya hacía un rato que me había separado de Tom. Mierda, no había podido evitar cogerle del brazo y apretarlo hacia mí. Las ganas habían podido conmigo, maldita sea.
Ahora íbamos por detrás de todo, yo y Ashley hablando de todo un poco. Pero no la escuchaba, de nuevo mi vista estaba clavada en la espalda y en el culo del rubio de las rastas.
Pero este se detuvo a apenas tres metros de la hoguera, y reunió a todos los chicos y chicas de la pandilla. Los más mayores deberían tener entre catorce y quince. Eran unos mocosos de todas formas.
Empezó a hablar.
-¡Hey! Chicos, buen trabajo. Me encanta como ha quedado la hoguera. Os ha quedado de puta madre, en serio. De las cinco hogueras de las que he sido yo monitor, como ahora, esta es la mejor de todas. ¡De verdad! – les felicitó. Estos vitorearon un poco – bueno, como ya he dicho antes de ausentarme, jugaremos a un par de juegos que imponga yo, y después cenaremos los bocatas que ha hecho la cocinera, y cuando acabemos os tocará a vosotros mandar. Hasta la una haremos lo que vosotros queráis. Id pensando en juegos o en cosas por el estilo, que se escogerán las que más gusten y se pondrán en práctica. También tenéis que saber, que quien quiera irse antes de la una que me lo comunique. Yo le acompañaré hasta el campo de básquet y después volverá sólo hasta su cabaña. No os tenéis que preocupar porque no hay ni hombres lobos, ni hombres del saco… - se rió.
Estuve a punto de aplaudirle por lo bien que lo había hecho. Qué hombre.
-Por cierto, hay cuatro adultos más conmigo. Os los presento y así os familiarizáis un poco con ellos.- se movió y se puso al lado de todos a medida que iba diciendo nuestros nombres. Y me llevé una gran decepción cuando me presentó igual que al resto. Bueno, ¿y qué esperaba? ¿Qué dijera algo especial al resto? No, claro que no.
Bill, eres un iluso. Ya lo has comprobado antes, sólo te quiere para besarte. ¡Ha visto los dibujos y no ha hecho ningún comentario! Eso quiere decir que sólo se aprovecha de la parte “s****l” hasta lo máximo que lo pueda alargar, sólo eso.
Suspiré.
La verdad es que el tiempo no pasaba ni despacio ni deprisa. Avanzaba y punto. Según a lo que jugábamos, las agujas de mi reloj se movían a más o a menos velocidad. Pero por lo general se me hacía bastante ameno estar allí. Pensaba que me iba a aburrir más, y resulta que me divertía un poco y todo.
Realmente, los días en los que me deprimo, todo a mi alrededor se convierte en una nube negra de la que no puedo salir con facilidad, y hoy pintaba ser uno de esos días. Y sin embargo estaba a gusto. No tanto como quisiera, pero a gusto.
Y con la tontería… Ya eran las doce de la noche.
Cuando miré el reloj casi no me lo creía. Tom había desaparecido mil veces a causa de los chicos que ya se iban yendo. Sobre todo por los más pequeños.
Ahora sólo quedaban un par de niñatas de dieciséis y algún que otro chico de su misma edad. Llevaban un buen rato tramando algo, no sé muy bien el qué, pero me daba grima mirarlas. Y yo ya sabía que algo bueno no estaban tramando.
Todo empezó cuando Tom se llevó al único chico menor de dieciséis, quedando así una plantilla de cinco adultos que éramos nosotros, seis chicas que parecían sacadas de una revista de adolescentes fans de Paris Hilton, y por último tres chicos más.
¡Sólo tres! También con una pinta muy parecida a la de ellas, la verdad. Esos típicos que están en las cutre-discotecas para dieciséis años y que se creen muy “cools” porque se cuelan en las de dieciocho.
El chico de las rastas que prácticamente era de mi propiedad, estaba llegando de nuevo hasta nuestro grupo, donde estábamos todos sentados en el suelo, tanto nosotros los adolescentes. Estábamos esperando a que llegara para que nos dijera otro juego o algún pasatiempo y éste, una vez se instaló con nosotros en el suelo, miró el poco fuego que nos alumbraba y se sorprendió.
-Vaya, qué pocos somos, ya ¿no? ¿Queréis seguir haciendo algo, o vamos recogiendo? No hay mucha alma de fiesta ahora… - dijo Tom, supongo que rezando por dentro para que le dijeran que sí.
-¡No, no! – una voz agudísima sonó dos cabezas más allá. La chica más pija de todas y más rubia, llamó la atención de mi chico. - ¡Nosotras tenemos un juego! - Tom puso cara de cansancio y después de coger mucho aire y soltarlo sonoramente, indicó que se explicaran. – Pues verás, hemos pensado, que ya que somos pocos y quedamos los más mayores podríamos jugar… Bueno… A la botella.
Nosotros cinco la miramos con los ojos completamente abiertos, atónitos.
-¿A la botella? – preguntó, sorprendida Ash, diciendo lo que todos teníamos en mente.
-¡Sí! ¡Va, será divertido! – le puso ojitos a Tom y este alzó una ceja. – Somos mayoría. – continuó ésta. Finalmente, mi rubio se rindió y miró al suelo.
-Está bien. Juguemos a la botella. ¿Tal cual estamos ahora? – Miré un poco cómo estábamos todos sentados y pude ver que a mi lado derecho, estaba Ash, al lado de esta, había uno de los tres chicos, le seguían dos rubias, después había otro chico, Andy, otra chica, Tom, Mario, tres chicas más y a mi lado izquierdo el tercer chico. Todos nos encogimos de hombros, como diciendo que nos daban igual las posiciones y éste fue a rebuscar entre las botellas. Volvió al cabo de un rato, con una botella de cristal, donde había habido cerveza en su momento, y que Tom y estos se habían bebido a escondidas.
La dejó en medio y todos nos quedamos mirando.
La chica de antes se puso a cuatro patas y después le dio un golpe a la botella para que rodara.
-Va, que empiezo yo. A ver con quien me ha tocado… - Puft, mira que era toooonntaa hablando. Por dios, ¿te crees más guapa por hablar como un putón de una línea telefónica?
La botella se iba parando y mi nerviosismo empezó a aumentar cada vez que pasaba lentamente por delante de mí o por delante de Tom. ¡Tom era mío! Y las putas guarras habían organizado todo esto para poder liarse con él! Qué putas.
El objeto de cristal se detuvo delante de uno de los chicos y éste sonrió. Estaría pensando “toma, me ha tocado la que está buena”, y sin embargo ella puso los ojos en blanco, estaría pensando, “joder, me ha tocado el pesado de turno”.
Incluso mientras se acercaban empecé a aburrirme, estaba pensando que probablemente pasarían tres horas hasta que pararan el beso, pero sinceramente, nada de eso ocurrió.
Se acercaron y en cuanto sus labios se tocaron, se separaron rápidamente. ¿Perdón? ¿Qué coño ha sido eso? ¡Pero si ni siquiera han abierto la boca! ¿¡Sólo se dan un pico?! JAAAAJAJAJAJAJAJAJA ¿Pero qué mierda juego es este? ¿Qué tienen, diez años? También es cierto, que el juego de la botella en sí, es muy de críos. Pero esto ya… era pasarse.
En cuanto se separaron, me quedó de pleno la cara de pasmado de Tom. También se estaría partiendo por dentro, seguro. Bueno, no sólo él, sino todos los de nuestra edad.
Ahora, el chico éste le dio a la botella.