El segundo que tardé en almacenar esa información en mi cerebro finalizó con unas largas y increíbles carcajadas. ¡Hostia puta!
-Jajajaja Bill, ¿Cómo la llamas gilipollas? ¡Es una niña! A más, ¿que te odia…? ¡Qué dices hombre!
-¡Qué sí!
No paraba de reír y Bill parecía que no le hacía nada de gracia. No me extrañaba, no me haría gracia a mi tampoco, pero era solo imaginarme a Anna enfadarse con él y descojonarme. Era realmente graciosa la escena.
-Bueno, es igual, Anna es Julieta y punto – la figura de Bill cruzó los brazos y miró hacia otro lado, como si le hubiese ofendido. Por un segundo me recordó a Anna. Sí, con el pelo n***o como el carbón, con esa expresión de enfado momentáneo porque no la quiero coger en brazos. - Coño, si en el fondo os parecéis y todo - exclamé asombrado.
Giró la cabeza hacia mí de golpe, con los ojos súper abiertos.
-¡¿Qué?! Ni se te ocurra compárame con ella.
-Jajajaja
-Bueno, - exclamó, cambiando de tema. – Pues ahora escojo yo a Romeo.
-Está bien… - dios, si es que era un puto crio pequeño. Era Anna tamaño por tres y en chico.
-Emm… - miró al infinito pensando en el niño que se pasaría el resto de semanas ensayando el papel - ¡Ya se! ¿Ese niño que tiene rastas, también hace la obra? – preguntó inseguro.
-¿Mike? Em, sí. ¿Por?
-¿Cómo que por? Pues porque será Romeo.
-¿Qué? ¡¿Porque?! ¿No crees que Daniel o Helm pegan más?
-No se quienes son, pero no. ¡Mike!
-¡Pero si es una especie de mini yo! ¡Yo jamás me enamoraría de nadie!
-¡Oh! ¿Y yo sí? Pero ¿ves? Al ser un mini tú, Anna se lo tomará con más ganas y se quitará de encima enseguida. - exclamó sonriente.
Me callé. Sin saber que decir. ¿Y qué le contestaba yo ahora?
-Bueno. Está bien. Cómo quieras.
Bill me acompañaba en la clase que hacía escasos minutos había comenzado. Observé sorprendido cómo los niños, por pura inercia ya se ponían solos en redonda, para que pudieran vernos bien.
-Joder, qué bien enseñados los tienes. -parecía que no era el único sorprendido.
-Ya… Tsk, qué esperas. – ante el comentario, simplemente se rió.
Cuando todos dejaron de hablar y se dieron cuenta a que yo estaba ahí, empecé ha hablar.
-A ver. Ya he decido cual iba a ser la obra, y ya tengo el guión y todo hecho. Entonces, ahora los que no hacen la obra, al principio de cada clase les diré un par de actividades. Entonces se alejarán y se pondrán a hacerlas y cada cierto rato iré a ver qué tal lo llevan.
Estos asintieron.
-Ahora jugaréis a básquet.
-Emm… Gracias Bill, pero el profesor soy yo. –exclamé mirándole. Este simplemente me miró y alzó las manos como queriendo decir “vale vale, ya paro”.
-Pues eso, haced grupos y yo llevo los balones y ahora os explico a los que hacen la obra lo que tenéis que hacer ¿ok?
-A ver, es muy sencillo. La historia es simple, un chico y una chica se enamoran aunque sus padres se lo prohíben pero al final acaban juntos. Él se llama Romeo y ella Julieta. Lo que pasa, es que Julieta está comprometida con un chico que se llama Paris. Pero se deshacen de él y consiguen estar juntos para siempre.
-Wuuaaa… - exclamaron las niñas, incluida Anna.
Bill rodó los ojos.
-Vale, ahora diré los personajes ¿vale? – Me senté en el suelo imitándoles y Bill siguió mis pasos enseguida – Bueno, Julieta será… Anna. – oí un gran “ooohh… Esa quería ser yo” por parte del resto de chicas y un grito ahogado por parte de ella, que me miró con el dedo en la boca, nerviosa. Yo simplemente le toqué el pelo y le acaricié la mejilla. Después vi como asentía lentamente. – Vale, y Romeo será… Mike. – lo siguiente me hizo reír mucho. El resto de chicos vitorearon y el pobre me miró con cara de “¿Por qué yooo?”. –Jajajajaj – le puse el puño delante suyo y él me chocó con el suyo con desgana. Yo le daba ánimos al pobre.
-Pero pero, yo no quiero besar a Mike. - la voz de fondo era la de Anna. La miré inmediatamente.
-¿Qué? ¡Nonono, yo no quiero besar a nadie…! –la aguda voz de Mike era graciosísima.
-Síii siiii… ¡Beso! ¡Beso! – el resto de chicas y chicos empezaron a mofarse de ellos y a insistir en el beso. Que críos eran todos, madre mía.
-¡Pero vamos! ¡Si no pasa nada! –intenté darles ánimos.
-¡Yo quiero que Romeo seas tú! ¡Yo si te quiero dar un beso a ti! – mi sonrisa se ensanchó y me sentí alargadísimo. Anna alargaba las manos para que la cogiera y la pusiera en mis rodillas y casi sin pensármelo la cogí y le di un fuerte beso en la mejilla. En cambio, sentí una presencia maligna de fondo.
-Pues lo siento mucho pero es Mike. Te tendrás que conformar, monina.
Miré hacia atrás sin poder creérmelo. ¿Enserio Bill había dicho eso? Cuando me topé con su cara noté su mirada intensa.
-Pero pero… - Mike seguía sin estar de acuerdo.
Bill se arrodilló delante de él y mirándole directamente le sonrió angelicalmente.
-Mira, un beso de ese tipo no es nada. Es como esto, mira: - y se dio un suave beso en la mano - ¿ves? Casi no es nada. Hazlo tú, vamos – Mike repitió el gesto con miedo. - ¿A que no has notado nada?
Este negó con la cabeza, secundado sus palabras.
-¡Pues ya esta! ¡A más, puedes darle un beso así a todo el mundo! ¡No es un beso de “amor verdadero”! Es un beso… Normal y corriente. -intenté seguir yo. – Se lo puedes dar a todo el mundo.
Mike miró al suelo, pensativo.
-¿A todo el mundo? –repitió mis palabras, interrogante.
-Em… sí, claro. – dije seguro de mí mismo. Bill también afirmaba con la cabeza.
-Si le das un beso a él yo le daré un beso a ella.
Por unos segundos me quedé parado, estático. ¿Que qué? ¿De verdad acababa de decirme eso? Lo miré fijamente sin acabármelo de creer. ¿Qué… Qué yo besara a Bi-Bill? ¡No! ¡No! ¡Noo! Ay Dios. ¡Y ahora qué coño hago! ¡No puedo darle un beso a Bill! ¡Me va a dar algo si lo hago! ¡No puedo!
Vale, lo mejor es dejar a parte el tema del beso. Mejor digo que no y ya está.
Joder, si digo eso entonces todo lo que he dicho hasta ahora no servirá de nada y me tomarán por mentiroso. Y a estas edades uno se trauma fácilmente.
Es sólo un beso ¿no? Sólo un beso. No tiene porque repercutir jamás en mí.
De pronto me vinieron a la mente las palabras que leí una vez en un libro. Citaba algo así como esto;
”Un beso es solo un beso ¿entiendes? Sólo tiene la importancia que tú quieras darle. Puede no significar nada… o puede cambiarlo todo”
No cambiará nada. No cambiará nada.
-Bill… - le miré, y este parecía estar en trance. –¿Bill? - volví a decir su nombre y este me miró medio asustado. – Bueno esto… Bill, va, dame un beso.
Bill
-Bueno esto… Bill, va, dame un beso. - exclamó. ¿Seguro, inseguro? No lo sabría decir. De hecho ahora no sabría contestar a nada. Mi mente se había fugado con mi cordura y realmente ahora yo no era yo. En esos momentos mi corazón era lo que iba más deprisa que todo, era lo único que se oía. Mi mente estaba en silencio, había dejado de pensar para abandonarse a cualquier otra cosa. No quería procesar información. No quería que esta situación se juntara con la razón. Con lo que está bien o mal. Simplemente actuar.
Eso debía hacer.
Los ojos de Tom me miraban con seguridad, pero en el fondo de esos pozos de color marrón se le notaban que estaba acojonado. Aunque algo me decía que era mi propio reflejo.
-Bill… Vamos tío. - lo miré tan fijamente que el fondo empezó a difuminarse. ¿Enserio me estaba diciendo eso? ¿Enserio quería que le besara? Sí. ¡Sí! ¡Sí quería!
Pero… ¿Quería yo?
¡No! ¡No quiero pensar!
La figura de Tom se aproximó a mí y noté como colocaba una mano en mi cintura. Ahí si noté que su pulso temblaba un poco.
-Sí sí… -dije casi sin saber que decía. Casi sin saber en qué año vivía. Respondía por responder. Ahora como ya he dicho, mi mente se había ido de vacaciones.
Tom ladeó la cabeza a un lado mientras sus pupilas se clavan en las mías, amenazantes, advirtiéndome. Advirtiéndome de que me iba a besar. ¡Que de verdad lo iba a hacer! Que mi sueñ…pesadilla, se iba a hacer realidad.
Vale, empezaba a hiperventilar notoriamente y me faltaba el aire. Empecé a notar mucho calor y las ganas de salir corriendo iban en augmento. Me estaba mareando. Me estaba entrando un yuyu… ¡Me faltaba el aire! ¡Oh dios!
-Bill tranquilo. Que ambos hemos dicho que no es nada. - me susurró a dos segundos de mis labios. ¡Abría notado mi nerviosismo? ¿Habría notado mi ataque de estrés? ¿Le daba igual? ¿Sí verdad? ¡Me apoyaba! ¡Estaba de mi lado! ESTABA a mi lado.
Y yo lo único que debía hacer era… dejarme.
Dejarme besar.
Vale Bill, te estás rayando mucho… ¡Es un pico! ¡Eso no tiene emoción, no dura nada! ¡No te pongas más nervioso por algo así!
Tom estaba a medio centímetro de mí y cuando supe que ya no había marcha atrás, también coloqué bien mi rostro para que encajaran perfectamente los labios y nos besamos.
Ambos pusimos los labios y ambos nos besamos el uno al otro. Un pico realmente compartido. Ambos notamos al otro… Ambos estuvimos más de dos segundos sin querer separarnos.
Ambos notamos que el corazón nos iba a mil por hora. A ambos se nos paró el tiempo.
Bueno, a ambos no sé, la verdad. Pero a mí sí. Y sinceramente, no me quería ni separar de él. ¿Quería continuar el beso? Yo… Sí. Creo que sí.
Ay dios mío Tom… ¿Qué has hecho conmigo?
Georg necesito hablar contigo.
Finalmente y con lentitud nos separamos, notando que nuestros labios se separaban aún sin quererlo realmente. Y aunque el beso había sido una mierda, temporalmente hablando, se me había hecho hasta largo. Largo en el sentido bueno de la palabra… Perfecto.
Joder Bill, ¿Te gusta Tom? ¿Es eso lo que me pasa? ¿Realmente me gusta Tom? ¡Tenía que hablar con Georg ya!
Abrimos los ojos al mismo tiempo y nos separamos medio centímetro. Nuestras miradas encajaron y al instante sonreímos mientras nos separábamos rapidísimamente. Avergonzados, rojos, ruborizados.
-¿Ve-veis? – dijo Tom, sonriente, radiante. – un beso es… sólo un beso. Todo depende de la importancia que le quieras dar. -esas palabras… Me hicieron estremecer.
Las caras de todos fueron… para hacerles una foto. Casi me entra la risa floja de verles tan embelesados y flipando.
A la hora de la cena no dije ni una puñetera palabra. De hecho lo único que hacía era remover la comida que había en el plato y observar discretamente como Tom disimulaba que también me observaba.
Esa noche… Tampoco podría dormir.
Bill
En un arrebato de indecisión acerca de qué hacer con el tiempo muerto que me esperaba esta noche, que tras haber vivido un beso con el chico que me atormenta, seguro pasaría en vela, decidí indagar en el pasado.
Me acerqué a mi segunda maleta y saqué una bolsa donde tenía una carpeta. En ella había muchas cosas, de hecho tantas cosas que no se podrían mirar todas. Quizás eso no importa, quizás lo que es importante es fijarse en los detalles que hacían de mi pasado, un pasado al que recordar sin miedo.
Pues muchas veces, hay gente que tiene miedo de dar la espalda al presente y fijarse en aquello que hizo una vez, en aquello que ha hecho que su presente sea como es. Puede, que el hecho de no pensarse las cosas dos veces antes de hacerlas, hace que tu “hoy” no sea como de pequeño sueñas. Pero puede que el hecho de lanzarse a la piscina sin pensarlo, sin sacar conclusiones que te hagan echarte atrás, sean las que te den un motivo por el que seguir luchando, al pie del cañón. Aunque con diecinueve años no tengo ni voz ni palabra como para poder decir estas cosas he de confesar que hay temas en los que uno no sabe que hacer, y no sabe qué pensar… He tenido la inmensa suerte de haber tenido una vida que no me ha dado elecciones difíciles, ni dilemas morales complicados como, para que el hecho de escoger entre algo y algo, me suponga una pérdida tan grande que te duele eso, mirar atrás, y ver, que si hubieras escogido el otro camino, ahora… Nada sería como es.
Supongo que ahora me hallaba en un momento, que aun sin llegar a tales medidas, se le asemejaba a mi punto de vista. Es posible que yo ¿Sienta algo por un chico? ¿Qué debo hacer? ¿Hacer caso omiso o… por el contrario, dejarme llevar hasta saber dónde me puede llevar?
Mi carpeta estaba hasta arriba de dibujos de cuando era más pequeño, o de cuando empecé mi bachillerato. Me hacía gracia descubrir los enormes fallos que había aprendido a corregir a lo largo de los años, y lo mucho que en aquel entonces, me costaba encontrar cuando me decían que estaba mal.
Cosas a carboncillo, cosas con grafito de un único color, a lápiz normal, a sombras, dibujos de cubos simples, montajes de cubos más complejos… Todo ello era la unión de mis primeros trabajos de bachillerato. ¿Por qué la llevaba encima? Porque me hacía sonreír.
De hecho es un peso innecesario a los ojos de personas que no creen en que, el hecho de reírse del paso, es bueno.
Las hojas pasaban y cada vez veía más dibujos de cosas de fuera de horas escolares. Garabatos de dibujillos manga con tres personajes centrales; yo, Ash y Georg. Incluso pequeños cómics que hacíamos en las horas aburridas en las que montábamos nuestras propias paranoias y nos sumergíamos en un mundo en que el poderoso Georg tenía que salvar a la princesa Ashley de las grandes y masculinas garras de Bill, el machote malvado.
-Jajajajajaj – me reía yo solo. ¡La de veces que me picaba con el tema de que parezco una chica! ¡Si tenía que remarcar mi hombría por todas partes! ¡Ni me acordaba de ese detalle!
Vale, ahora no es que haya cambiado mucho la cosa, pero antes era aún más exagerado incluso.
También descubrí que tenía guardadas en la carpeta, pequeñas y largas conversaciones que manteníamos en clase los tres. Conversaciones en las que cada uno tenía un bolígrafo de un color diferente y íbamos poniendo cosas, después pasábamos la hoja al siguiente y este contestaba, hasta volver de nuevo a ti.
Madre mía, eran tiempos brutales.
De pronto un montón de recortes de revista inundaron mi vista. En ellos había diferentes personajes famosos a los cuales les habíamos pintado la cara. ¡Pero hacía ya mucho tiempo de esos personajes! Beyonce, Rihanna, incluso la Hannah Montana esa, aparecían llenas de bigotes improvisados o con barba de tres días… Otra paranoia monumental fue aquella en la que pillamos una foto del Papa y le marcamos un buen paquete. “¡Mas quisiera él! ¡Seguro que la tenía pequeña y por culpa de su padre! La genética es muy mala”. Palabras textuales que había escritas al lado.
-Jajajajaj ¡Dios mío! – y nunca mejor dicho - ¡Qué mal estábamos!
De pronto un documento que no identifiqué a primera vista me llenó de curiosidad. Era una carta. O eso parecía, puesto que parecía un relato.
”Es posible que no le hagas mucho caso a este trozo de papel con un par de palabras, pero…
Aunque me lleve tres días entregártelo por puros nervios, te la daré, lo juro.
No sé si te has dado cuenta, pero llevo muchísimo tiempo que siento arder el mundo cuando te veo aparecer, o siento que mi pulso aumenta por segundos en cuanto se que vas ha parecer al girar la esquina. Me muero en deseos de que llegue el próximo día para volver a mirarte, porque siento que cada día me enamoro más y más de ti.
Y lo peor de todo es que no llagarás nunca a comprender el sentimiento que albergan estas palabras, porque cuanto más tiembla el bolígrafo a la hora de escribir, más cuesta sacar esas palabras de dentro, y tú te niegas en rotundo a aceptar el amor. Ahora mismo, estoy hecha un matojo de líos y me muero de vergüenza de pensar qué pueda pasar cuando la leas y me contestes. Sé que me rechazarás, y sé que no sientes ni una cuarta parte de lo que yo siento, pero aunque me lleve un mes de no hablar contigo como castigo, me arriesgaré. Porque aunque no consiga nada, al menos lo habré intentado. Porque por ti siento que lo arriesgaría todo…
No tienes ni idea de lo que me está costando explicar esto, y cada una de las lágrimas que me trague a partir de ahora, o que se verán reflejadas en este folio con una mancha oscura serán el reflejo de ello, pues en mi vida me había enamorado así.
¡Es tan bello querer respirar siempre tu aire! ¡Es tan precioso sentir que me derrito totalmente al oír tu risa! ¡Al verte sonreír!
Incluso el ponerse nerviosa cuando te tengo enfrente es algo que no cambiaría por anda del mundo. Tartamudear al hablarte, y ponerme roja cuando se que te diriges a mí.
No llegaré a entender cómo llegaste a influir tanto en mí, quizás el amor a primera vista si existe, y aunque a principios de este curso hemos hablado ya bastante aún siento que estás muy lejos de mi alcance. Ojalá algún día seamos amigos de los buenos. ¡Y he de decir que ese amigo tuyo, Georg, es simpatiquísimo! Aunque tartamudea un poco cuando me habla pero bueno, ¿será normal, no?
Me has prendado de tal manera… Aún no me lo creo. ¡Y sólo hace un mes que empezamos juntos el bachillerato! Pero joder… Bill, eres precioso, eres increíble, gracioso, me haces feliz a cada instante.
Me gustaría darte un abrazo y no soltarte nunca.
Me gustaría que me dijeras todo esto a mí.
Y sé que me tocará vivir la parte mala de esta etapa. Porque aunque no te guste nadie a tales medidas como para enamorarte, cada vez que te veo babear por la rubia de segundo, me entran ganas de matar a alguien… Bill, está saliendo con el chico más increíble de todo el instituto… Dudo que pase algo.
¡Sí, soy celosa! ¡Jamás lo había sido! Pero Bill, me has cambiado totalmente. ¿Qué has hecho conmigo?”
¿Por qué tengo la jodida sensación de que todas estas sensaciones me suenan? ¡¿Por qué coincido con todas y cada una de las confesiones?!
”¿Sabes? Al principio me era muy difícil aceptar que estuviera pensando en ti las veinticuatro horas del día, porque yo misma me decía a mi misma: ¿Qué haces? ¿Por qué te pillas por alguien? ¡Gustarte alguien es de bobadas! Lo único que hace es desconcentrarte…
Pero joder… ¡Me era imposible esquivarte cuando me hablabas y sonreías! ¡Necesitaba verte a todas horas! ¡Necesitaba buscarte a todas horas! Y no sé porque… ¡Aún no sé porque! ¡Era una fuerza que tiraba de mí!”
Una fuerza que tira de ti… Una fuerza… ¿Qué es esa fuerza?
Pero no quiero darle más vueltas a la cabeza… Lo que es… es. Y no hay más. Ojalá algún día te enamores. Ojalá algún día te falte la respiración al ver a esa persona con la que sueñas a todas horas. Ojalá algún día me entiendas.
Te quiere,
Ashley
¡¡OH DIOS MIO!! ¡La carta que me escribió Ash al principio de todo! ¡En la que se me confesaba! No me acordaba de ella… Yo… ¡Joder! Recuerdo como le dije que no sentía lo mismo por ella. Recuerdo como me miraba desde abajo con la frente arrugada y con unas futuras lágrimas que se derramarían por su rostro momentos más tardes. Lo que también recuerdo es cómo le pedí que si me podía quedar la carta. Realmente me gustaron las palabras. Aunque no entendía ni la mitad de sensaciones.
Y eso es lo que más me asusta. Que ahora, es mi pulso el que tiembla con cada una de las letras escritas, que ahora soy yo el que vive todas estas frases redactadas a dolor y conciencia.
Ahora, soy yo al que se le oprime el pecho por alguien.
Sí, yo.
Debería lanzarme a la piscina. Debería dejarme llevar.
Mañana intentaré que el hecho de que sea un chico esa persona especial no me afecte.
Tom… ¿Te quiero?