Esteban sintió como alrededor de ella, aparecieron más de diez paredes que la aislaban del resto del mundo y sabía que si se iba, nadie podría alcanzarla. Se encerraría en su propio dolor como su hermano, dijo que lo había hecho después del accidente. Así que, sabiendo que podría lastimarlo, avanzó hacia ella y decidido le dijo: — Llámalo lastima o lo que mejor te parezca, Sofía. Pero si debo traerte la cabeza de tu padre en señal que ha pagado todo lo que te hizo, lo haré. — Hablas como si solo me hubiese herido a mí. — Yo no importó, lo que me importa es destruir a quien te dañó, porque nadie toca lo que es mío y tú, eres mía. — Esteban… — No, Sofía. Si me iba a ir era para hacerle pagar por lo que te hizo y porque tenia miedo de quedarme y que eso te causara más daño. Pero ya sé qu

