Natalie. ─¡Todo debe de estar en orden para la siguiente clase...! ─grita el profesor de matemáticas mientras todos salimos corriendo del aula. Con una sonrisa en el rostro volteo a ver a Violeta a mi lado y me preguntó por qué no ha hablado en toda la clase. No es la persona más cercana a mí pero sin duda es una amiga y reconozco que ha estado más callada de lo habitual. ─¿Qué tienes, Violeta? ─pregunto al fin. ─Nada ─responde de inmediato a la defensiva. ─Violeta, sé que no somos tan cercanas pero te he visto y tienes días extraña. ─Natalie... ─Por dios, no soy tonta. ─No quiero que pienses mal... La tomo de los hombros con fuerza y la miro directamente a los ojos. ─Violeta, jamás te juzgaría. «Yo casi me acuesto con mi padrastro, ¿que podría decirle» ─¿Recuerdas la fiesta do

