Evan. Cuando llegamos al aeropuerto Natalie no se despegó de mi lado en ningún momento y al subir al avión fue lo mismo, incluso miró mal a la azafata que me sonrió muy amistosamente. Después de que yo la molestara por haber hecho eso y me haya burlado ella se quedó dormida sobre mi hombro. Gracias a Dios no hubo turbulencias porque si no Natalie se hubiera vuelto loca. Para cuando llegamos a nuestro destino el calor ya era insoportable así que nos pasamos por una tienda departamental ya que Natalie no paraba de decir lo sudada que estaba e incómoda por ello. ─Evan, me siento extraña ─dice desde el baño. ─Natalie, apúrate que tenemos que salir de aquí o tendremos que comprar algo ─digo mirando a todos lados asegurándome de que ningún guardia venga a ver qué hacemos. ─No estamos hacien

