Evan. Jamás me había arrepentido por hacer algo tanto como ahora, no pude contenerme, no pude contra la tentación. Jamás debí tocarla. Jamás debí corromperla. Me detengo en el ascensor y presiono el piso a dónde iré, poco después la misma secretaria de siempre me recibe aunque a diferencia de siempre ahora parece avergonzada incluso sonrojada. ─Señor Smith, lo recibirán en cinco minutos ─dice sin más. ─Bien. Me siento en la sala de espera y poco después una pareja sale de la oficina a mi derecha, la mujer es mayor mientras que el hombre es apenas un veinteañero. ─Hasta luego señorita Smith, nos vemos la semana que viene. Mi hermana sonríe abiertamente y se despide cortésmente. Me mira y su sonrisa se borra en el acto, se hace a un lado invitándome a pasar y no dudo levantándome. U

