Evan.
Termino de abotonar mi camisa y le doy una mirada a la mujer sobre mi cama pidiendo silenciosamente que se vaya.
─¿Cuando le dirás? ─pregunta sonriente.
Giro a verla confundido por su pregunta y entonces me mira con reproche.
─Planeas decirle a Natalia que estamos juntos, ¿no? ─cuestiona mirándome mal.
─Se llama Natalie y no, no planeo decirle eso porque no es cierto ─inquiero levantando su ropa del suelo y arrojándola sobre la cama, a su lado─. Tu y yo tenemos un acuerdo físico y se ha terminado.
─¿Me estás terminando? ─pregunta levantándose hasta posarse frente a mi.
─No porque nunca estuvimos en una relación, estoy terminando un acuerdo verbal, ahora largo que ya va a llegar.
─Me siento como una puta cuando es tu hija de la que hablamos ─suelta molesta, vistiéndose.
La palabra hija hace que mi corazón se acelere, nunca me había aturdido que alguien llamase a Natalie mi hija pero desde hace días he estado teniendo pensamientos extraños
sobre ella. Asustado busqué ayuda de una psicóloga, Aurora, sin embargo ella es tan inútil como Iris.
─Iris ─la llamo, avanza a mí con la esperanza rondando en su mirar─, no olvides tu bolso.
Ella toma el bolso furiosa y sale golpeando la puerta fuertemente, loca. Abotono mis pantalones y salgo descalzo, bajaré a preparar algo para cenar. Antes de poder continuar con mi camino veo a Natalie subiendo las escaleras con la mirada pérdida y los dedos temblorosos.
─¿Que ocurre? ─pregunto acercándome a ella, preocupado.
─La mujer... ─tartamudea─ iba sin ropa...
«Mierda»
Maldita mujer, así no me convencerá de llamarla.
─Pequeña...
─No ─niega─, ahora no.
─Dime que pasa.
─Nada, olvídalo y descansa.
Entra en su habitación y cierra lentamente, sin dramas ni nada.
«Mierda»
No era mi intención que la viera pero sucedió y ahora he roto la norma de "No chicas en casa", siempre fue algo importante para ambos y jamás la había roto hasta hoy por que no quería ser visto en algún hotel. La empresa está a punto de firmar un contrato multimillonario y no puedo dejar que se vaya a la mierda por un mujer.
Regreso a mi habitación arrepintiéndome nuevamente por mi decisión al oler el perfume de Iris por todos lados, es demasiado intenso y hostigoso. Quito las sábanas y las envío directamente a una bolsa para la basura, no volveré a dormir en ellas.
«Es asqueroso»
Cuando por fin concilio el sueño Natalie aparece demostrando nuevamente lo mal que estoy, todo es culpa de ese día. No debí verla. No debí desearla.
Cuando despierto la mañana es fría por lo que decido salir a correr antes de preparar el desayuno pero al llegar a las escaleras me encuentro con Natalie sentada en el primer escalón, sonrío pero antes de poder hablarle ella se levanta. Justo en ese momento su audífono se cae causando que ella se agache dándome una vista de su trasero cubierto con una minifalda de deporte, puedo ver el pequeño encaje n***o de sus bragas debajo de la falda turquesa que lleva. Mi corazón se acelera y retrocedo automáticamente, ella se levanta poniéndose de nuevo el audífono y comienza a trotar hasta la puerta mientras yo me mantengo allí hasta que el estruendo de ésta resuena por nuestro hogar asegurándome que ella se ha ido y que yo volveré a mi habitación a tomar una ducha de agua fría.
Muy fría.
· · ·
─¿Ya desayunaste? ─pregunta Natalie a mi lado.
─No, estaba dormido...
─Que extraño, tu siempre te levantas antes que yo ─ríe─. Debió dejarte muy agotado la chica de ayer.
Su burla causa que mi entrecejo se frunza y el enojo aparezca.
─Tengo que irme a trabajar y tu tienes que ir a la escuela, deja las burlas para mañana.
─Evan...
─Dime.
─Nada, olvídalo.
Me levanto molesto y tomo las llaves de mi auto.
─Me voy.
Salgo de la casa respirando el aire fresco de la calle con auténtico placer, nunca había necesitado tanto tomar aire y caminar como ahora, los pensamientos en mi mente son confusos y no tengo idea de cómo reaccionar a nada pero de lo que si estoy seguro es de que necesito hablar con Aurora de inmediato.
Enciendo mi auto maldiciendo mentalmente mientras conduzco hacia el consultorio de mi doctora, no puedo creer que esté pensando de este modo sobre Natalie. Toda mi vida la he respetado y amado no entiendo por que ahora sucede esto. ¿Será esto una prueba de Dios?
«Ja, si como no»
─La doctora Smith lo atenderá en unos minutos ─anuncia la chica detrás del escritorio.
─De acuerdo.
Suelta la carpeta de sus manos y me mira sonriente, igual a cada vez que vengo.
─¿Gustaría un café durante espera? ─pregunta coqueta.
─Estoy bien.
Me dirijo a uno de los tres sillones en la sala de espera y me recuesto en él rogando que Aurora se apresure pero mis plegarias son interrumpidas por la chillona voz de la chica de recepción.
─Señor Evan, me preguntaba si... ─juguetea con sus dedos nerviosa y una pequeña sonrisa se instala en su rostro─... me preguntaba si, ¿querría salir conmigo algún día?
─No.
Mí respuesta firme y cruda causa que la joven antes sonriente decaiga a tal punto que sus ojos comienzan a brillar con lágrimas no derramadas no obstante antes de poder huir la puerta del consultorio se abre y la voz de Aurora llega.
─Evan, ¡que alegría que vinieras! ─sonríe como siempre─. ¿Ya te han ofrecido café?
─Ya, ¿podemos pasar?
Ella asiente y la preocupación se marca en ella desde sus pasos lentos hasta sus labios presionados en una firme línea.
─¿Que ocurre? ─pregunta directamente en cuanto cierra la puerta.
─Es Natalie...
─Ya habíamos hablado de esto, ella irá a la universidad y yo me mudaré contigo...
─¡Está creciendo! ─grito fuera de mi.
─Lógicamente ─suelta sorprendida─. ¿Realmente que pasa?
─Hace unas semanas la vi por accidente, iba a entrar al baño y era muy de mañana por lo que solo me dirigí al del pasillo a diferencia de otras veces en las que uso el del piso de abajo...
─Lo sé, es una regla por la privacidad de Natalie pero...
─Pero ella estaba desnuda.
─¿Y que hiciste? ─susurra.
─Inmediatamente me gire para irme a mí habitación pero se escuchó algo extraño en el baño así que volví a mirar una vez más y...
─¿Que pasó?
─Ella comenzó a tocarse...
─¿Y que hiciste?
─Me iba a ir, lo juro pero...
─¿Que hiciste?
─No puedo...
─Evan.
─Me toqué ─susurro avergonzado.
─¿Le dijiste algo al respecto?
─¿Que? No, claro que no.
─Ok, ¿que ha sucedido desde entonces?
─Nada, vi a Iris y tuve algo de acción para poder olvidar eso pero sin importar cuántas veces me la folle sigo pensando en...
─Evan...
─¡Soy un asco de hombre! ─grito mientras una lágrima sale de mí.
─No lo eres...
─¿No? ¡Es como mí hija!
─Si pero biológicamente...
─¡Me importa una mierda si no soy su padre biológico! ¡La he cuidado desde que era una cría y ahora pienso que sus tetas ya son suficientemente grandes para mí!
─¡Evan!
─Necesito que se vaya contigo hasta que vaya a la universidad, por favor...
─No puedo...
─Aurora, por favor ─ruego sentándome a su lado─. Te pagaré y ella tendrá todo lo que desee como siempre pero no puede estar en la misma casa que yo hasta que me pueda controlar.
─Pienso que no has tenido una relación en mucho tiempo y si crees que llevándola conmigo podrías dejar de sentir esas cosas lo haré pero tendrás que decirle tú.
─¿Que le digo? ¿Que soy un pervertido desde que la vi masturbarse?
─Evan, no es tan simple...
─Yo se que no pero no le puedo decir algo así, ella es muy sana...
─Evan, se estaba masturbando probablemente ya ha...
─¡No voy siquiera a pensar en eso!
─De acuerdo, habla con ella y pasaré por ella por la tarde de mañana.
Asiento y me levanto del asiento, salgo del lugar lo más rápido posible y escribo un mensaje para mi secretaria avisando que no iré a trabajar, cuando presiono la tecla de enviar el aparato comienza a vibrar en mi mano avisando una llamada entrante. El nombre "Pequeña" aparece en la pantalla e instintivamente giro a todos lados neurótico pensando que alguien podría ver aunque no hay nada anormal en que la chica a mi cuidado me llame.
«La chica a mi cuidado»
No puedo creer que haya dicho eso, bueno, que lo haya pensado.
─Diga ─respondo serio.
─Evan, te avisaba que me quedaré en casa de un amigo esta noche y...
─¿Amigo? ¿Que dijimos de ir a quedarnos a casas ajenas? ─reprocho molesto.
¿Amigo?
¿Va a follar?
¿Por eso estaba haciendo eso el otro día?
¿Es que ya tiene ganas de...?
─Lo sé pero también quiero un respiro y...
─¿Un respiro de mi? ─pregunto en un susurro, no puede ser.
¿He sido tan malo?
─No, nada de eso Evan...
─Natalie...
─No me llames así, nunca lo haces.
─De acuerdo pequeña, hagamos esto ─respiro hondo y hablo─. Te quedarás mañana, hoy necesito hablar contigo.
─De acuerdo.
Cede muy fácil pero en vez de preguntarme por qué simplemente sonrío comenzando mi camino a casa.
─Te veo en casa.
Cuelgo y presiono el botón llamando al ascensor.
A lo mejor no es tan difícil.
Caminar por la noche es algo completamente gozable, nadie te observa juzgando tu vestimenta, nadie tropieza contigo y mejor aún, nadie hace ruido.
El completo silencio es algo tan pacifico y placentero que me resulta demasiado atractiva la idea de quedarme así el resto de la noche sin embargo un asunto me requiere rápidamente por lo que entro a mi hogar sonriente dispuesto a llamar a Natalie pero antes de poder gritar su nombre la veo sentada frente a la puerta aunque a diferencia de mi ella se encuentra seria, incluso indiferente.
─¿Que ocurre? ─pregunto preocupado.
─Me han acusado de plagio en la escuela, jamás iré a una buena universidad así que no veo una buena razón para seguir aquí.
─¿Aquí?
─Quiero ir a vivir con mi tía.
─¿Que tía?
─La hermana de mi madre, me ha contactado está mañana y después de contarle todo me ha sugerido ir con ella...
─Pequeña...
─Allí podría trabajar e incluso ir a una universidad más económica, pública pero serviría para obtener un título además, yo la pagaría y tu...
─¡Natalie, escucha! ─grito molestándome, ella salta asustada y mantiene sus labios cerrados cediéndome el turno─. Te quedarás y mañana hablaré con la directora, ¿quieres ir a la universidad? ─pregunto y ella asiente─. Entonces irás porque yo lo arreglaré, vete a dormir.
Ella asiente y sube las escaleras lentamente, a lo mejor está procesando todo pero el que se encuentra peor seguramente soy yo. Ahora no solo tendré que ir a hablar con la directora sino que no podré enviarla con Aurora y tendré que estar al lado de Natalie durante al menos tres meses teniendo pensamientos antinaturales sobre ella.
Necesito una cerveza.
Camino a la cocina con la mente nublada, abro la nevera y tomo una cerveza abriéndola en el proceso. No sé que haré. Mi celular vibra así que tomo la llamada sin ver el nombre.
─Pensé que no me tomarías la llamada...
Iris.
─No lo habría hecho si hubiera sabido ─respondo seco.
─Perdona es solo que no dejo de pensar en ti...
─Iris, tengo una responsabilidad y es Natalie, no tú así que por favor no me vuelvas a llamar.
─¿La quieres más que a mi?
─Sí ─respondo obvio.
─¿La quieres como una hija?
La pregunta me toma por sorpresa y me quedo en silencio procesando, ¿porque no solo respondo sí?
¿Porque es tan difícil?
─Ya veo.
Cuelga y yo coloco el celular sobre la barra, aturdido. Al girar me encuentro con los ojos azules más hermosos del mundo mirándome con una expresión que no comprendo del todo.
¿Decepción?
¿Tristeza?
─Pequeña...
Antes de poder decir algo ella sube corriendo las escaleras y puedo escuchar el sonido de la puerta al cerrarse.
¿Que escuchó?
Imposible que escuchara lo que dijo Iris, ¿que sucede?