Sienna: —¡Marcus! —Le supliqué. Mis manos se aferraron con fuerza a la sabana. —En un segundo, dulzura. —Me prometió sin dejar de observarme. Enganchó mis piernas a cada lado de sus caderas y se posicionó en mi entrada, penetr*ndome despacio. Como siempre sucedía ambos jadeamos por la conexión y no quería que se detuviera. Mis piernas se apretaron más a su alrededor y me sostuve de sus hombros, instándolo a continuar. Marcus no perdió el tiempo, comenzó a chocar sus caderas contra mi manojo de nervios y me beso con necesidad. Estuvimos así un momento, pero no lo pude aguantar más. Alejé mi boca de su beso posesivo y gemí alto. —¡Ah, Marcus, así! Mi padrastro no apartó su mirada de mí y continúo dándome estocadas rápidas y profundas. —Mi pequeña, Sienna —dijo entre respirac

