CAPÍTULO TREINTA Y TRES Riley reconoció el sonido familiar de Bricks and Crystal tocando «Ring of Fire». Era de noche. El aire apestaba con el olor de cerveza y humo del cigarrillo. Le tomó unos minutos darse cuenta de que ella estaba sentada sola en una mesa en el patio de La Guarida del Centauro. Estaba viendo una multitud de jóvenes bailando en la pista. Pero los bailarines no estaban sonriendo ni estaban felices. Todos se veían asustados. Sus movimientos parecían convulsivos e involuntarios, como si no quisieran estar bailando. Se preguntó qué fuerza interior horrible los impulsaba. Entonces la música comenzó a meterse debajo de su propia piel. Ella sintió el tirón del baile, un impulso poderoso de unirse a los demás. «No lo hagas —se dijo a sí misma—. Es peligroso.» Ella res

