Hay frases que se nos quedan pegadas para toda la vida.
Érase una vez... en la que me enamoré y mi mamá me pidió que no me mudara que no hiciera el ridículo por amor. Mis hermanos me pidieron una explicación.
Mi hermana se sentó en la escalera de casa, cansada de llorar ante el desastre, mi cuñada se paró junto a la puerta principal y me pidió que me detuviese a pensar en lo que estaba haciendo.
—Emilio, no entiendo —dijo Valentina. —¿Por qué nos haces esto?
—No les estoy haciendo nada, Valentina, simplemente me mudo.
—Hijo, reflexiónalo—pidió mi mamá. —¿Qué vas a hacer cuando ella te deje y tu papá no me permite abrirte las puertas de casa? Tienes que entender, eres el mayor, si te dejo regresar tendría que hacerlo con tus hermanos.
—Sí, y no te estoy pidiendo regresar.
—Emilio, honestamente yo tampoco lo entiendo, —intervino mi hermano mayor. —Puedes tener una novia o follarte al pueblo y vivir aquí.
—Giovanna no es un polvo, así que no lo entiendes Alonso y necesito que se graben esto, mi relación no es para que la entiendas tú o ella, es mía y no quiero que nadie diga nada más al respeto.
Me fui de casa por supuesto y nunca más volví, al menos no para habitarla. Me disculpé con todos de forma individual y grupal, porque no se lo merecían y estaba siendo más que tozudo en aquel momento tenía un cóctel fuerte de hormonas, feromonas y el primer amor sentados en mi polla, mis venas y el centro de control de mi cabeza.
Todo con Giovanna era maravilloso, desde una mirada hasta el viaje que había hecho en familia ella lo convertía en oro, el modo en la que me sonreía o la manera en que me besaba. Giovanna me besaba con todo el puto cuerpo y a veces sin siquiera planearlo, era un roce mágico de labios que se llenaba de suspiros, lenguas, manos acariciando el cuerpo del otro y el balanceo de caderas que casi siempre se convertía en sexo.
Mi romance con Giovanna se puede resumir con exceso de amor y pasión, con Maya, una locura. La verdad, los últimos días con Niza han sido serenidad.
Mis hermanos nuevamente están en espera de una explicación y les cuento mi versión de los hechos. La versión real, en la cual estoy un segundo hablando de meses de amor y compromiso para quedarme con la custodia de mi hijo. Semana más tarde y conforme la conozco más, la venda se cae de mis ojos y me doy cuenta de que no solo son los detalles que me hacen querer más de ella, querer besos, amor o risas.
Me alegra el día ver que Niza espera en la cocina con una lista de cosas que tengo por hacer, me gusta lo obsesiva que es para ordenar y organizar todo, lo dulce que es con mi hijo y lo maternal. Me encanta la forma en la que pone atención a cada palabra que digo y son muchas las palabras que uso, porque la mitad del tiempo estoy hablando mierda, sin embargo, Niza está dispuesta a escuchar y soltarse un comentario con humor oscuro.
—Si la quieres por qué la has dejado ir.
—Es complicado.
—Emilio si ya empezaste y si puse a mi hija a dormir estripada con sus primos, hazme el favor de soltar toda la sopa.
—¿No tienes dos hijos más?—preguntó Logan.
—Sí, dos hijos y una esposa —mis hermanos rieron porque Marcela no estará contenta cuando se entere que se ha quedado a darse la vida de soltero chismoso.
Mi hermano le escribe algo a su mujer y yo bebo más del cóctel que me prepararon para el mal de amores el cual tiene como objetivo anestesiarme el cerebro y soltarme la lengua.
—Emilio, la vida es demasiado corta para no vivirla.
—Sí y Niza tiene defectos como todos. Ejemplo: odiaría que Alice nunca reciba amor porque tiene un pasado con las drogas o Logan y lo que soy yo... mi enfermedad. Tal vez, nunca la hubiese atendido sin Jack, así que el amor no lo cura todo, pero, definitivamente cuando quieres a la otra persona se trabaja para superarlo todo.
—Mi hermana, la señora madura—comentó Ellis y todos reímos.
—Tienes algún consejo, tú con tu matrimonio perfecto —Ellis rió.
—Marcela y yo no tenemos el matrimonio perfecto. Tenemos muchas diferencias, muchas inseguridades, pero, nos tenemos paciencia, amor, respeto y sabemos cuidar lo que tenemos. Yo acepto—bebió de su copa. —Que soy mucho más celoso de lo que me gustaría reconocer y mi esposa viene de un par de matrimonios en los que los celos empeoraban las cosas, primero los suyos hacia su esposo infiel y más tarde los de su esposo loco. Es complicado, pero siento que me esfuerzo muchísimo por estar a la altura de la mujer que es, de sus necesidades y de la persona que quiero ser para nuestra familia.
—Eso es muy tierno, solo que no me ayuda en nada.
—Emilio, lo que estamos diciendo es que cuando amas a alguien no abres la puerta y te vas —dijo Ellis. —Eso es lo que hace mamá, pero, siempre regresa y siempre hablan y siempre se escuchan el uno al otro. No puedes vivir viendo lo malo.—sonreí. —Mamá es la persona que pone su mano en la espalda de papá cuando se está ahogando con el picante y también anticipa sus necesidades, siempre esas son las cosas buenas del matrimonio en el que crecimos y las que tenemos que aprender.
—Sí, no hay que aprender que son un par de infieles —dijo mi hermana. —Tengo trabajo mañana, pero intenta no perder a una mujer a la que ya amas, porque eso sí que va a dolerte. Los hijos crecen y se van, pero con el amor de tu vida, puedes caminar hasta el final.
Mis hermanos se disculparon y dijeron que estarían temprano en mi casa para cambiar a los niños al uniforme y llevarles al cole, les di un abrazo a los tres y ellos a mí.
Tomé una ducha mientras pensaba en lo que ellos decían sobre el amor, las relaciones y lo felices que estaban todos, sin embargo, solo me hace sentir peor de lo que me sentí al dejar el apartamento de Niza. Porque es obvio que si Arturo lleva meses esperando por una mujer que sobreviviera un tumor cerebral gigante y saliera del hospital para iniciar su relación. Era casi imposible que lo echara todo por la borda por Niza.
Estaba quedándome dormido cuando escuché el teléfono de mi celular sonar, también estaba vibrando, pero, no lo encontraba en medio de las sábanas, en cuanto lo hice, contesté la llamada sin ver.
—¿Niza? Lo siento. Solamente, vuelve a casa. En realidad, voy a donde sea y lo hablamos. —la línea se quedó en silencio. —¿Niza?