POV ELIZABETH Las luces de los vehículos de emergencia iluminaban la salida del túnel, pintando el caos con destellos rojos y azules. Mi respiración era entrecortada, pero no dejé que me controlara. Aferraba a Noah, mi pequeña, en mis brazos. Su cuerpo frágil y ajeno a todo el horror que acababa de vivir. Sus ojos azules, tan claros como el cielo, estaban cerrados, la piel fría, y sus mejillas aún empapadas por las lágrimas que había derramado mientras estaba inconsciente. El dolor de verla tan vulnerable me cortaba el alma, pero lo que más me partía el corazón era pensar en lo que ella había sufrido, lo que había sido forzada a vivir a tan corta edad. En cuanto salimos a la luz, las primeras caras conocidas se asomaron entre el tumulto: agentes del FBI, hombres de la CIA, y el personal

