POV ELIZABETH El dolor me ahogaba. Me desplomé sobre el pecho de Adam, la única persona que había logrado quebrar las murallas que había levantado durante años para protegerme de la vida, del amor, de los demás. Pero, al final, ya no podía mantenerme en pie, ni en control. Todo se desmoronaba a mi alrededor. El sonido de su respiración, cada vez más débil, me recordaba lo irreversible que podía ser la pérdida. Estaba perdiéndolo. No podía aceptarlo. No podía dejarlo ir. La sala del hospital estaba sumida en una oscuridad casi completa, solo iluminada por el parpadeo de las máquinas que marcaban la última esperanza. Me aferraba a su pecho con todas mis fuerzas, como si mi vida dependiera de eso, y lo cierto era que sí lo hacía. No podía perderlo. No así. —¡Tienes que luchar! —grité, gol

