La llegada

989 Palabras
Una mañana tranquila, algo soleada, y común en el colegio SaintVille, podía ver a los alumnos reencontrándose después de unas largas y merecidas vacaciones. Que, en mi opinión, lo mejor de estas es que no tienes que ver a tus odiosos compañeros. Algunos de los grupos que pude observar no me sorprendían, el colegio estaba repleto de hipocresía y distinciones de clase.   Las plásticas populares hablando sobre sus bronceados adquiridos en alguna "playa privada", cuando en realidad es un bronceado de hace 3 días producto de una cama bronceadora, éste es un grupo muy común y bastante clasista.   Los deportistas y porristas, vagos que piensan que solo por ser atractivos tienen el mundo ganado, es una lástima que sus padres paguen una matrícula para que sus hijos se aprovechen de otros. Estos solo pasan su tiempo haciendo lanzamientos tan largos para que los demás "mortales" pudieran observar lo rápido que corren, o bien, que apreciaran sus músculos tonificados. Y las porristas, que decir, paseándose por el campus con sus faldas cortas y camisas escotadas, sin nada nuevo que mostrar. Al menos no algo que medio instituto no haya visto antes.   Los inteligentes que son los únicos que invirtieron sus vacaciones en progresar, ellos probablemente estuvieron investigando el plan de estudios de este semestre y tal vez estudiaron el universo o alguna revista científica.   Los introvertidos, que en general no se meten con nadie y pasan desapercibidos, se dice que aman la soledad, que viven en un mundo imaginario y que odian a cualquier ser humano que irrumpa su espacio, ellos existen de forma aislada, se pueden encontrar en el mismo espacio y aún así no entablar conversación alguna; coexisten de una forma tranquila.   Hay un número ilimitado de grupos en un colegio, y no puedo nombrarlos a todos; pero cada uno de ellos son superficiales y ambiguos, unos más que otros, pero los cimientos son los mismos. Tengo decidido cambiar mi vida en el colegio, y llegó la hora de hacer mi entrada triunfal.   Apagué el motor del Mustang n***o que decidí conducir ese día, es de las únicas ventajas que tiene tener padres con dinero. Varios ojos curiosos pasaban por un lado apreciando la belleza que conducía, y en pocos segundos apreciarán la mía. Salí del coche con aires de altanería, montando un performance que mi mente comenzaba a creerse. Los murmullos se hicieron presentes y para que negarlo, me encantaba. Alisé la minifalda de mezclilla con las palmas de mis manos, acomodé mi camisa blanca cubierta por un saco n***o y alboroté mi lacia cabellera.   Los murmullos se convirtieron en chiflidos de algún “hombre” con exceso de testosterona y complejos de inferioridad no diagnosticada; pude escuchar unos cuantos halagos de las niñas de nuevo ingreso, e insultos de las porristas y su clan de plásticas. Solía preguntarme que sentían los populares al ser el centro de atención, es agradablemente molesto. Debes tener un ego y un cinismo enorme, al igual que la necesidad de atención constante, para poder disfrutarlo por completo. Y yo solo tengo el ego y el cinismo.   -Disculpen -hable con voz suave pero firme a un grupo de chicos bloqueando la entrada - ¿Podrían hacerse a un lado? Les sonreí de manera arrogantemente cortés y en un abrir y cerrar de ojos tenía un pasillo humano, a los costados se encontraban hombres casi babeando y mujeres de todo tipo muriendo de envidia.   Alcé la mirada y pude divisar una cabellera castaña conocida, justo enfrente de los casilleros. Me acerqué a paso seguro, esperando internamente que la persona frente a mí no me odie.   - ¿Qué tal, cariño? - Le guiñe el ojo al chico que estaba a un lado de mi casillero. Pude notar la sorpresa en sus ojos, y como me inspeccionaba de pies a cabeza.   -Uh. Disculpa, pero este casillero esta apartado- Me sonrió gentilmente. ¿De verdad me habrá olvidado de mí?   -Vaya J.J, si actúas de esa forma no conseguirás novia- Introduje algunos cuadernos al casillero y me giré para ver a mi mejor amigo babeando, observándome totalmente incrédulo.   -Lindsay, ¿eres tú? - Me tomó por los hombros y me miró a los ojos.   Me crucé de brazos y fruncí el ceño con indignación falsa.   - ¿Acaso alguien más te llama de esa forma? porque si es así, tendremos un problema.   - Pero ¡¿qué te ha pasado?! ¡Mujer, estas ardiente! - Dicho esto me abrazo y le correspondí momentáneamente.   -Digamos que necesitaba un cambio. - Me encogí de hombros y cerré mi casillero.   -Te ha sentado bien ese cambio, ¿qué pasó con tus gafas?   -Cambié a lentes de contacto, aunque aún tengo un par de repuesto.   - ¿Tu voz? ¿tu estilo?   -Tomé un curso de modelaje y etiqueta. ¿te agrada? – Di una vuelta presumiendo mi transformación.   -Maldición. Te prohíbo hacer eso enfrente de los demás hombres .- Reí ante ese comentario y me recargue sobre los casilleros, las personas me miraban con curiosidad, celos y lujuria mezclada. -Oh vamos J.J antes eras genial- Jaden es mi mejor amigo desde que tengo memoria, desde entonces siempre me protegió de los bravucones cuando era una Nerd. Era.   Jaden siempre ha sido muy atractivo. Es alto, con músculos marcados, mas no desagradables, cabellera castaña claro y ojos marrones. La pubertad le sentó bastante bien.   - ¿Era? Soy el amo de la diversión madame, ahora dime que tu cuerpo es natural y no operado, si no recaeré en la depresión. - tan dramático como siempre.    Giré los ojos y el me guiño haciendo que sonriera- Mi cuerpo obviamente es natural, tonto. Tomé clases de defensa personal y vivía corriendo por las calles de L.A.- Iba a decirme algo cuando sonó el timbre.   - ¿Que salón, princesa? - De verdad lo extrañé, él fue una de las razones por las que quería volver, pero no podía hacerlo, no sin antes cumplir mi meta.   -Salón 524, Filosofía.   -Tenemos la misma, genial, así podré protegerte de las miradas acosadoras. - Me abrazó por la cintura y caminamos al salón.   Oh, Jaden, ya no necesito que me protejan. 
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