Solo entonces besó su camino hacia mi ombligo, luego bajó, usando sus anchos hombros para separar mis piernas y acomodarse. Sus enormes palmas ahuecaron el interior de mis muslos y me abrieron aún más mientras él ponía su boca sobre mí. Me levante de la cama al primer toque de su lengua talentosa con mi clítoris. —¡Mak! —grité. —Es sensible —él murmuró. —Voy a acabar —le dije. Solo un roce más de su lengua y yo acabaría. El suero era muy bueno. Antes de Mak, yo nunca había sido capaz de acabar solo con sexo oral, pero con él, su boca, lengua, labios… ¡guao! —Aún no. —¿Aún no? —pregunté. El sudor cubría mi piel y yo no podía permanecer quieta, a pesar de que su agarre en mis muslos me mantenía en mi lugar. De hecho, él curvó sus palmas para ahuecar mi trasero y yo no iría a ningún lad

