Después de quitarme aquel implante en mi brazo tengo que confesar que me sentí muy aliviada, pensé que nunca podría ser madre, pero he recibido una buena noticia a pesar de ser de la boca de la mujer que siempre fue mi enemiga. Cómo hoy es sábado no podía ir a consulta con algún doctor, sin embargo tampoco lo haría allí, estaba dispuesta a pagar un servicio de salud privado aunque me costara más. No iba a volver a poner mi vida en riesgo. Quizás pudiera ir con el dueño del hospital pero no pasará nada porque ese hombre es el padre de Amelia, así que mejor me olvidaba de ella completamente. Debía concentrarme en la próxima operación de mi hermano, el único problema es que no tengo el dinero aún completo, los gastos se han elevado a más no poder, así que quizás tendré que conseguir algún o

