La forma prolija del jardín permite que ambos podamos ocultarnos detrás de los arbustos y sentados sobre el césped me da tiempo para hacer la pregunta importante – ¿qué estás haciendo aquí? – Vivo cerca, pensé que lo sabías y que por eso te habías mudado, ¿no me estabas siguiendo? ¿Cómo podría? – De ninguna manera, no sabía en dónde vivías. – ¿Estás segura?, tal vez te enamoraste de mí. Se ganó un tiró de oreja, los niños deben madurar en algún momento – es una coincidencia, y si vives en la frontera, ¿qué hacías en la capital? – Es un secreto. – ¿Vives con tu familia?, tienes que responder y no puedes decir que es un secreto. – Es una larga historia – sonríe – en realidad no vivo con mis padres, ellos murieron cuando era un niño y ahora estoy a cargo del negocio de la familia. ¡O

