Maddison P.o.V
Recién acabábamos de llegar a casa. Ya era la tarde. Y si, habíamos estado todo éste largo tiempo, recorriendo la ciudad. Taylor y yo, almorzamos en un lindo restaurante, y luego continuamos nuestro día de compras.
—Estoy agotada. No doy más.—se queja mi amiga, mientras deja sus bolsas en el suelo y toma asiento en el sofá.
—Creo que nos excedimos con las compras.—comento observando todo.
—Hacía falta. Y cuando algo hace falta, no se opina.—yo ruedo los ojos, tomando asiento en el largo sofá frente a Taylor.
—Todo está silencioso aquí. ¿Dónde están todos?.—cuestiona ella.
—No lo sé. Quizás estén por llegar.—elevo mis hombros.
—O quizás..—el sonido de la puerta principal, interrumpe a mi amiga.
Risas y gritos de oyen y yo frunzo el ceño. Ahí están mis locos hermanos.
Los tres mosqueteros aparecen en la sala, llevando consigo unas cuantas bolsas de nylon en sus manos.
—Parece que no fuimos las únicas que estuvimos de compras.—opino.
Ellos dejan las cosas y toman asiento en los sofás, también.
—¿Dónde andaban?—les pregunto.
—¿Tú, preocupada por nosotros?—Aaron me observa como si estuviera loca.—Fuimos a la práctica y después pasamos por una tienda. Necesitamos equipamiento suficiente para alentar a los Lions.
—¿¡Qué han comprado!?—salta Taylor mientras se reincorpora en su asiento.—¡Muestren, muestren!.
Matt se ríe y se pone de pie. Se acerca y arrastra las bolsas, con ayuda de Aaron.
—Iré a preparar algo para comer.—informa Chase y sale en dirección a la cocina. Siempre pendiente de la comida.
—Compramos remeras.—comienza a decir Matt, mientras las saca de la bolsa y nos las muestra.—Iremos la mayoría de los Bears..—hace referencia al equipo de la Universidad—por lo que hemos comprado varias.—nosotras asentimos.
—¡Miren esto! ¡Miren esto!.—Aaron exclama con emoción mientras que nos muestra unas cuantas cornetas de diferentes colores.—Me he enamorado.—suelta un suspiro mientras le da un beso a una de ellas.
Matt observa de reojo a mi amiga, quién está riendo ante la escena de Aaron. Carraspea y continúa sacando cosas de las bolsas.
—Sigamos..—interrumpe él. Mi amiga lo observa a él y noto cierta tristeza en sus ojos. Pobrecita. Me pone mal verla sufrir por mi hermano.—También tenemos banderas, éstas cosas que lanzan papeles..—dice mientras nos muestra.—Hay silbatos, pintura, hasta pelucas celestes y blancas.—comenta.
—Han de haber gastado un dineral.—comenta Taylor. Compraron muchas cosas. Demasiadas.
—Todos pusimos dinero. —Aaron de encoge de hombros.—En la tienda habían descuentos para los fanáticos del equipo.
—¡Llegó la comida!—Chase aparece nuevamente, trayendo una bandeja llena de sándwiches.
—¡Oh, eres el mejor!—exclamo al ver la rica comida.
Él toma asiento en el suelo, junto a la mesa del centro, dónde deposita la bandeja.
Yo tomo un sándwich y le doy un mordisco. ¡Dios! Estaba que me moría de hambre.
El sonido de la puerta interrumpe a Matt y Aaron, quienes se estaban probando las diversas cosas que habían comprado.
Ethan aparece y observa todo el desastre que hay en la sala. Bolsas por doquier, tanto de Taylor y mías, como dé mis hermanos.
—Hola.—saluda él.—¿Qué es...todo esto?.
—Día de compras, hermano.—responde Aaron, al mismo tiempo en que se coloca la peluca celeste sobre su cabeza.—¿Cómo me queda?—da un giro.—De seguro extremadamente linda.—dice con tono afeminado.
Todos largamos una risa. Ethan se acerca y les echa un vistazo a las cosas.
—Vaya... han comprado varias cosas.—afirma.
—Así es. Es mejor estar bien equipados.—acompaña Matt.—Todo sea por los Lions.
Ethan toma asiento y acepta un sándwich que Chase le ofrece.
—Por cierto..—habla Chase.—¿Ustedes que compraron?.—nos pregunta a Taylor y a mi.
—De seguro la tienda completa.—se burla Aaron.
—Compramos unas cositas que nos hacían falta.—Taylor le quita importancia.
—Incluyendo los disfraces para la fiesta del viernes.—agrego. Subo mis piernas al sofá.
—¡Mierda! Lo olvidé—Matt bufa.—No tengo ni idea de lo que me pondré.
—Igual yo.—dice Ethan.
—Yo tengo mi traje de pirata. Todavía está sano.—informa Aaron.
—Ese traje lo usabas cuando tenías 5 años, tonto.—digo mientras me río.
—De seguro me queda..
—chico.—termina Matt—De seguro te queda chico.
Todos volvemos a reír.
—Compraré un traje de policía.—sentencia.—Seré un policía joven, sexy y deseado por todas.—yo elevo una ceja.
—Suerte con ello.—opino.
—En fin. ¿Qué disfraces eligieron?—pregunta Matt mientras dirige su mirada a mí y luego a mi amiga.
—Ya los verán el día de la fiesta.—me adelanto.
—De seguro son feos.—sigue Aaron.
—Son más lindos que esa peluca horrible que llevas puesta. —me burlo de él.
Él saca su lengua, como niño pequeño y ruedo los ojos.
—¿Qué les parece si pedimos pizza?—propone Chase, cambiando de tema. Todos asentimos de acuerdo.
—Aaron.—lo llama Matt.—Llevemos esto a las habitaciones.—Aaron asiente y lo ayuda a juntar todo.
—Yo iré a llamar por las pizzas.—informa Chase y se pierde en la cocina.
—¿Te importa si me doy un baño?—me pregunta Taylor. Yo niego.—Genial. También llevaré mis bolsas a tu habitación y mañana me las llevo a casa.—yo asiento y ella toma todas sus bolsas, para luego subir por las escaleras.
Ethan se acomoda en el sofá y me observa.
—¿Cómo estuvo tú... día?.—le pregunto. Le doy un mordisco a mi sándwich y noto que frunce el ceño.
—¿A qué viene esa pregunta? Digo...nunca me lo has preguntado.—dice con confusión.
—Solo estoy siendo amable.
—Pues, me fue muy bien.—responde.
—¿Y Camelia?—no puedo evitar preguntarle sobre ella.
—¿Qué con ella?.
—¿Cómo se encuentra? Pensé que vendría contigo.—él esconde una sonrisa.
—¿A qué se debe éste interrogatorio?.
—No es ningún interrogatorio. Solo... curiosidad.—él asiente con lentitud.
Se pone de pie y avanza hacia mi. Se arrodilla en el suelo, de modo que queda casi a mi misma altura, ya que yo estoy sentada en el sofá.
Apoya sus manos a cada lado de mí y se inclina un poco, hasta quedar frente a mí. Me observa fijamente y habla:
—Curiosidad..—murmura, repitiendo lo que dije.—¿Por qué será que no te creo?—susurra sonriendo con diversión.
¡Dios! Me está por dar un infarto.
—Eh..yo..—ya estaba nerviosa. ¡Genial!.—Espacio personal.—pido, haciendo el esfuerzo por alejarlo de mí. Pero parece que mi fuerza de esfumó, pues no logré moverlo ni un poco.—Aléjate, por favor.—vuelvo a empujarlo, pero es en vano.
—¿De verdad lo quieres?—susurra. Su aliento choca contra mí rostro, haciendo que mis nervios aumenten.
¡Por supuesto que no!
—Si..—respondo en un tono de voz bajo.
Él se muerde el labio inferior, y termina de alejarse de mí.
Y ahí me quedo. Sin moverme. Él se dirige a las escaleras, y se detiene, dándome la espalda.
—Ese disfraz te sienta muy bien.—es lo último que dice antes de irse hacia la segunda planta.
¿Qué dijo? ¿Él vio mi disfraz?.
¿Eso es de mala suerte?
—Por supuesto que no, estúpida..—me auto respondo.
Éste chico es... Aún no encuentro una palabra que lo describa.
***
—¡¡Hoy es el partido!!—abro los ojos de golpe al oír el grito de Taylor.
—¿Por qué gritas a ésta hora?—contesto con enfado. Fue mala idea decirle que durmiera aquí conmigo.—Es temprano.
—¡Lo siento! ¡Es que la emoción es incontrolable!—sigue gritando.—¡No puedo creer que hoy vayamos a conocer a los Lions!.
—¿¡Por qué continúas gritando!?—cuestiono con irritación.
—¡No lo sé!—le lanzo una almohada y ella se cae al suelo.
No responde más. Al fin..
Suspiro y me quito las sábanas de encima. Reviso la hora en mi móvil: 6 am.
Mataré a Taylor.
Me pongo de pie y me acerco a la ventana, abro las cortinas y miro hacia el patio trasero.
—¿Están locos?.—cuestiono al ver a mis tres hermanos, junto a Ethan, en el medio del patio, haciendo flexiones y abdominales—Por dios, ¿Qué bicho les picó a todos?.
—A ellos no sé.—escucho la voz de Taylor a mi espalda.—¡Pero a mi, me picó el bicho de la emoción!.—chilla.
Me giro y la observo. Ella sonríe y entra al baño.
Siento unos golpes en la puerta de la habitación y camino hacia ella para abrirla.
—Buen día, cariño.—mi madre me da un rápido abrazo.—Venía a despertarte, pero parece que llegué tarde.—dice aún sonriendo.
Esto es raro. Definitivamente todos están locos.
—Buen día, mamá.—saludo aún con sueño.
—Hoy no iré a la boutique, así que estaré todo el día en casa.—yo asiento.—¡Un rico desayuno está servido en la mesa! Llamaré a los demás chicos. No demoren.—habla con rapidez y sale de mi vista.
Cierro la puerta y suspiro.
—¡¡Nanana, conoceremos a los Lions. Nanana!!—el grito de Taylor resonó en la habitación. —¡¡Maddie!!—me llamó a todo pulmón.
—¿Qué?—digo mientras tomo asiento en la cama.
—¡Conoceré a Darius Slay!—chilla. Ella tiene una seria obsesión por el número 23 de los Lions.
—Lo sé.—respondo.
—¡Y tú conocerás a Luke Willson!—grita otra vez.
¡Oh por dios! ¡CONOCERÉ A MI AMOR PLATÓNICO!.
¡Mi Luke. Él es la cosa más sexy y linda jamás creada en éste planeta! ¡Qué emoción!
Creo que me estoy por desmayar y ni siquiera lo he visto en persona.
La puerta del baño se abre y sale mi amiga, con una sonrisa de oreja a oreja.
Lleva una bata blanca y una toalla en su cabeza.
—¿Dónde están las entradas? Las tienes que dejar a la vista. No quiero que las olvidemos.—me dice con repentina seriedad.
—¿De qué hablas? Yo te las di a ti el otro día.—digo confundida.
Ella abre sus ojos y comienza a caminar por toda la habitación.
—Taylor.—hablo.—Dime que tienes las entradas.—pido.
Ella sigue caminando, su rostro está serio, muy serio. Lleva su mano al mentón, pensando.
—¡Taylor!.—la llamo otra vez.
—No sé dónde dejé las entradas.—dice con terror en su rostro.—¡Maldita sea! ¡Perdí las entradas!—exclama con desesperación.—Ay, no puede ser.
—No, no, no. Dime qué es broma.—ella niega.
—No recuerdo dónde las dejé.—yo suspiro.
No puede ser. ¿Por qué tenemos tan mala suerte?.
—Te dije que no era buena idea que me quedara con las entradas. ¡Siempre pierdo todo!—lloriquea.
—Mierda, mierda.—es lo único que logro decir.
Ella se deja caer en la cama y mantiene su vista en el suelo.
Yo me quedo de pie, sin saber que hacer o decir.
¿Será que la vecina Hastings nos lanzó una maldición por lo de su casa?
—Iré a darme una ducha—murmuro y camino hacia el baño. Entro y cierro la puerta de un portazo.
Mi oportunidad de conocer finalmente a Luke Willson, se fue a la mierda.
***
Taylor y yo bajamos las escaleras sin ganas, con lentitud. Ambas estábamos tristes y enojadas con nosotras mismas por no poder recordar donde pudimos haber dejado las malditas entradas.
—¿Qué les sucede?—cuestiona mi madre. Todos ya estaban desayunando, a excepción de mi padre.
—Pensé que estarían saltando como locas.—bromea Matt.—Hoy es el partido de los Lions.
—Todo está listo. Dejamos todo el equipamiento al alcance.—sigue Aaron.
Mi amiga y yo, tomamos asiento en los dos lugares libres, sin decir una sola palabra.
—Solo hace falta que compremos lo que vayamos a comer y listo.—informa Chase.
—Podemos comprar las cosas allí, siempre hay puestos donde venden de todo.—habla ésta vez Ethan.
—¿Podrían dejar de hablar sobre eso?—les pido.
—Oye, tranquila fiera.—dice Aaron.
—¿Qué pasó? ¿Se aburrieron de ambos jugadores?—bromea Matt.
Yo le lanzo un trozo de tostada y él se queja en cuanto cae en su ojo.
—¡Maddison!—me regaña mi madre.—¿Por qué tan agresiva?.
—Hasta oímos los gritos de emoción por parte de Taylor hace un rato.—sigue Aaron.
—Perdimos las entradas.—digo jugando con mi desayuno.
—¿Qué?.—pregunta Ethan.
—¡Perdimos las entradas!.—repetimos Taylor y yo al unísono.
—Oh..—exclama Chase.
—¿No saben dónde las pudieron haber dejado?—pregunta Matt y Taylor se ríe con cansancio.
—¿Crees que si supiéramos donde las dejamos, estaríamos aquí, tristes, enojadas y lamentando lo que pasó?.—cuestiona con ironía.
Matt le da un leve apretón en su mano y ella la aparta con brusquedad. Sé que ella no es consciente de lo que mi hermano acaba de hacer, porque de lo contrario, no hubiera apartado la mano.
—Esto apesta.—digo bufando.
—Cariño, ese lenguaje.—me reprende mamá.—Quizás tus hermanos pueden conseguir dos entradas más.
—No será posible.—comenta Aaron.—Ya están más que agotadas.
—Quizás están en alguna parte de tú habitación.—inquiere Ethan a mi lado.
—Las tenía yo.—interrumpe Taylor.—No recuerdo dónde las dejé.—se queja.
—Ya lo recordarán.—nos intenta tranquilizar mi madre.
—Cuando lo recordemos, quizás sea tarde.—digo yo.—El partido es a las 7 de la tarde y tenemos que ir a la Universidad.
—Quizás...podemos faltar.—interviene Chase.—Yo con gusto me quedaré para ayudarlas.—lo miro con ternura.
—¡Eso sería genial!.—habla mamá.—Entre todos podemos buscar. Algunos buscamos aquí, y otros en casa de Taylor.—propone.
—No pueden faltar a clase por nuestra culpa.—dice Taylor con pena.—Maddie y yo buscaremos solas.
—Yo me quedaré.—sentencia Aaron.—Está dicho. Odio las clases.—mi madre lo mira con seriedad y él le sonríe con inocencia.
—También me quedaré.—escucho la voz de Ethan a mi lado.
—Yo igual.—salta Chase mientras sonríe.
—Megan me pidió que fuera con ella a comprar nuestros disfraces para la fiesta.—nos comunica Matt. Todos guardamos silencio.
Taylor deja su servilleta a un lado y está dispuesta a levantarse, pero Matt toma su muñeca con cuidado y habla:
—Pero esto es más importante, así que me quedaré aquí.—finaliza. Mi amiga toma asiento nuevamente, pero Matt no suelta su muñeca.
—¡Será mejor que comencemos a buscar desde ya!—informa mi madre. Se pone de pie y apoya sus manos sobre la mesa.—Chase y Aaron, buscarán en la sala y despacho de su padre, y si es necesario, den vuelta todo.—yo abro mis ojos con sorpresa.—Matt, irás con Taylor a su casa, y buscarán allá.—ellos dos asienten.—Maddie y Ethan, buscarán en las habitaciones de aquí y en la sala de juegos.—nos señala.—Y yo buscaré en la cocina, sótano y hasta en el patio.—finaliza.
¿Quién es ésta mujer? ¿Y qué hizo con mi madre?.
—¿Alguna duda?.—cuestiona. Todos negamos.—Perfecto. Habrá una pausa al medio día para almorzar y luego continuaremos la búsqueda.—nosotros asentimos.—Bien, manos a la obra.—todos nos ponemos de pie y nos ocupamos de buscar en los respectivos lugares que mi madre mencionó.
Matt toma sus llaves y sale de la casa junto a Taylor. Mamá se pierde en la cocina y Chase, junto a Aaron, se dirigen a la sala.
—Bien, empecemos por tú habitación.—habla Ethan.
—De acuerdo.—ambos subimos las escaleras, en silencio. En cuanto llegamos a mi habitación, abro la puerta y ambos pasamos.
—Bien, ¿Por dónde comenzamos?—pregunta.
—Iré a revisar mi armario, quizás Taylor las dejó allí.—elevo mis hombros.
—Yo revisaré debajo de la cama, puede que se hayan caído.
Yo me acerco al armario y abro ambas puertas. Comienzo a sacar toda mi ropa, cajas de zapatos, cobijas, peluches..etc. Voy tirando todo el en suelo hasta que ya no hay nada más en el interior.
—Nada.—digo en voz alta.
—Aquí tampoco.—me informa Ethan.
Avanzo hacia el baño y abro la puerta de mala gana. Reviso todo en su interior; la tina, los cajones de los muebles, hasta la canasta dónde está la ropa sucia. Nada.
Salgo de baño y encuentro a Ethan revisando los cajones de mi mesa de luz.
—Nada en el baño.—digo y me acerco a una repisa donde hay retratos, adornos y pequeñas decoraciones. Reviso en cada rincón y nada.
Reviso también en los demás muebles pequeños que decoran mi habitación, con ayuda de Ethan y nada.
—Parece que aquí no están.—sentencia Ethan. Yo niego y ambos nos encaminamos a la puerta. Salimos de la habitación y la cierro.
Lindo desastre tendré que ordenar luego.
Vamos hacia su habitación, ya que está a un lado de la mía. Ethan abre la puerta pero yo lo detengo.
—No hace falta que entremos a tú habitación.—digo.—Es obvio que ahí no están. Ninguna de nosotras ha entrado ahí, y tú jamás tuviste las entradas en tus manos, como para que estén en tú habitación. Es más..—observo las puertas de las habitaciones de mis hermanos y niego.—Los chicos tampoco estuvieron con las entradas. Matt me las entregó en cuanto se las dieron a él. No tiene caso que busquemos aquí.
Recuesto mi espalda en la pared y me quedo en silencio.
—Vamos a encontrar esas entradas.—asegura él. Se acerca a mí y acaricia mi brazo.—Y si no es así, yo te regalaré mi entrada.
—No dejaré que lo hagas.—digo rápidamente.
—Tú realmente los admiras. Se nota lo mucho que adoras ese equipo.—sonríe.—Mereces conocerlos.
—Quizás ésta no es mi oportunidad.—digo fingiendo indiferencia. Él se pone frente a mí y yo lo observo a los ojos.
—Esta es tú oportunidad. Tú irás a ese partido, a como dé lugar.—deja en claro.— Te lo prometo.—dice en voz baja.—Ahora, vayamos a la sala de juegos y continuemos buscando.—yo asiento y él sonríe. Pasa su brazo alrededor de mis hombros y me arrastra con él.
***
—Nada por aquí.—me informó Ethan, acomodando los almohadones en el sofá.
—Revisé los empaques de las películas, por las dudas, pero nada.—digo rendida.—Hemos revisado casi toda la sala de juegos, y tampoco están aquí.—exclamo.
Tomo un pequeño almohadón y lo lanzo contra la pared, con frustración y enojo. Tomo una larga respiración y observo a Ethan.
—¿Qué.. hora es?.—me pregunta.
—Las 10 de la mañana.—le informo.
—Terminemos aquí, y luego vamos a ver como les fue a los demás.—dice.
Me pongo de pie y continúo buscando; debajo de los sofás, sillas, mesas... Nada.
Abro los cajones, de cada mueble, y nada. Reviso los libros, y nada.
¡Dios!.
—Nada—decimos al unísono.
—Ya odio la palabra nada.—digo con cansancio.
Una vez que terminamos con la sala de juegos, bajamos las escaleras y llegamos a la sala.
Aaron se encuentra sobre los hombros de Chase, intentando bajar una gran caja. Chase se comienza a tambalear y la caja se cae de las manos de Aaron, haciendo un desastre en el suelo.
—Tus piernas parecen gelatinas, Chase.—se queja Aaron mientras baja de sus hombros.—¿Que comes? ¿Pasto?.
—¡Casi me quiebras los huesos!—le reclama éste.—No debí acceder a cargarte. ¡Pesas mucho!.—se frota los hombros.
—¿No han encontrado nada?.—hablo mientras avanzo hacia ellos, seguida por Ethan.
—No.—dicen ambos.
—No las vamos a encontrar. Es como buscar una aguja en un pajar. —digo rendida.
Tomo asiento en el suelo y apoyo mi espalda contra la pared.
Ellos también toman asiento y aparece mi madre.
—No encontré nada tampoco. Pero si hallé unas cuantas cosas que se habían perdido.—comenta ella mientras nos muestra.
Aaron se pone de pie con rapidez y toma el oso que lleva mi madre.
—¡No puede ser! ¡Es Spencer! ¡Mi oso!.—dice con emoción mientras lo abraza.—¡Pensé que lo había perdido!.—yo sonrío al verlo tan tierno con ese oso.
Él se percata de que lo estamos observando y se despega del oso. Carraspea y habla:
—Digo...que...sorpresa.—observa el oso como si fuera la cosa mas extraña en el mundo— Ni siquiera sabía que había desaparecido.—hace un gesto sin importancia. —Lo llevaré a...mi habitación, junto a las demás cosas para donar.—nos informa.
Yo frunzo el ceño y mi madre también.
—Cariño, hace mucho tiempo que no hacemos donaciones.—dice mi madre con obviedad.
—¡Claro que si!—dice él. Mi madre niega.—Pues, yo si lo hago. Siempre estoy donando cosas. Y éste oso, también lo donaré.—avisa y sube las escaleras.
—No lo hará. —hablamos mi madre y yo al unísono.
***
—Les vamos a grabar varios vídeos.—nos informa Matt con tristeza.
No pudimos encontrar las entradas para el partido. Faltaba una hora para las 7 de la tarde, y los chicos se estaban por ir.
—También le pediremos un autógrafo a sus ídolos, si los vemos.—dice Chase mientras me sonríe.
—Mejor vayan de una vez.—les digo mientras llevo mis manos a los bolsillos de mi jean.
Los 4 chicos se suben al auto de Matt, llevando consigo las bolsas con las cosas que compraron.
Matt observa a Taylor por unos segundos, como queriendo hacer algo que no se atreve. Duda un momento, pero finalmente se sube al auto.
—Odio mi vida.—comenta Taylor a mi lado.
—Somos dos.—opino.
Los chicos desaparecen y nosotras nos quedamos ahí, de pie, a un lado de la calle.
—Festejar antes de tiempo, nos trajo mala suerte.—digo y suelto un suspiro.
—¿Qué haremos ahora?—cuestiona sin ganas.
—Mirar el partido por televisión. —respondo rendida.
Ella pasa su brazo alrededor de mis hombros, y entramos a la casa.
Tomamos asiento en el sofá y yo enciendo la televisión..
—Que triste.—comento mientras busco el canal por donde transmitirán el partido.—Podríamos estar ahí ahora.
—Si tan solo pudiera recordar..—se lamenta ella.
—Ya pasó. No queda de otra..
—Podías haber aceptado la entrada que Ethan quería darte.—me reprocha.—Así podrías conocer a Luke.
—¿Y dejarte a ti sola? No.—respondo con rapidez.—O vamos las dos, o no va ninguna.—sentencio. Ella sonríe de lado y se acomoda a mi lado.
—Tengo chocolate en mi cartera.—me dice.—Lleva ahí un par de días, pero se puede comer.—yo me río y ella toma su cartera.
Yo tomo mi móvil y reviso mi i********:, quizás han subido fotos o algo. Lo cual aumentaría mi tristeza. Pero bueno, me pondría contenta por ellos.
Dejo mi móvil a un lado y observo a Taylor, quien se ha quedado inmóvil, mirando el interior de su cartera.
¿Y ahora?.
—Taylor...¿Estás bien?.—le pregunto con calma.
No responde.
—Taylor..—vuelvo a llamar.
Ella levanta la vista y sus ojos quedan fijos en los míos, ni siquiera pestañea.
Okey. Esto me está asustando.
—¿Qué sucede?.—cuestiono.
—Aquí están..—susurra y su vista se nubla.
—¿Qué?. ¿De qué hablas?.
—Están...aquí están.. Yo..—titubea.
—¡Habla, Taylor!—digo poniéndome de pie.
—Que tonta fui..—se dice a sí misma.—Las entradas..—me observa con emoción.
—Ya sé, Taylor. No hace falta recordar lo que sucedió.—la detengo.
—¡Están aquí! —chilla de golpe.—¡¡Están en mí cartera!!—comienza a reír.
¿¡Qué!?.
—No juegues conmigo.—la amenazo.
—¡Todo el tiempo estuvieron allí! ¡Que tonta! ¿Cómo no me di cuenta antes?—mete la mano en su cartera y saca las dos entradas.
Santa mierda.
—Oh.Por.Dios.—digo con sorpresa, cubriendo mi boca con ambas manos.—¿Qué vamos a hacer?.
—¡No lo sé! —exclama.—Aún no lo creo.
—Todo el tiempo estuvieron ahí. ¡Y nosotros como idiotas buscando por todas partes!.
Qué tontería.
Reviso la hora en mi móvil: faltan 35 minutos para las 7.
—Aún tenemos tiempo.—le aviso.—Llegaremos al partido.