Me sentía estúpida, humillada, y sobre todo completamente tonta. Quería gritar, llorar o golpear algo ¿Cuántas veces tendría que hacer el papel de estúpida? ¿Cuántas veces dejaría que Calvin jugara con mis sentimientos? Probablemente las veces que él le diera la gana porque seguía enamorada de él como una estúpida niña descerebrada. Me odiaba, estaba completamente enfadada conmigo por haberme dejado llevar. Intenté abrir la puerta pero tenía el seguro. —Quita el maldito seguro de la puerta —dije entre dientes. —No, Claus, está lloviendo —dijo—, yo te llevaré a casa, no es como si me quedara muy lejos... Su intento de broma no me dio gracia y volví a jalar de la manilla. —Si no abres el puto seguro voy a romper la manilla —amenacé. —Sé racional —dijo Calvin girando los ojos, se coloc

