FIERECILLAS

958 Palabras
—No repito las cosas señorita —bramó en tono molesto nuestro monumento desde adentro de su oficina. —¿Y quién le ha dicho que yo he aceptado su propuesta? —respondió ella acercándose a la puerta. —Todas aceptan —dice el muy sinvergüenza, mientras Blue sopesa sus opciones. Resopló, sin tener de otra. Se acerca a la oficina y se prepara para preguntarle cómo deseaba el café, pero tal parece que el tipo adivino. —n***o y con dos de azúcar. —Le va a dar diabetes de tan dulce al imbécil este. —Masculló entre dientes. —¿Qué? —Nada, nada señor, café n***o y dos de azúcar ah y su agenda... —Tonta no es —dijo a si mismo en voz alta. —Por supuesto que no, señor Scott. Mientras la tensión se incrementó en aquel último piso, en el colegio todos están conociendo a la chica nueva. —De dónde dijiste que eras? —Preguntó Thomas. —De Madrid —respondió revirando los ojos, es que lo único que ha hecho ese chico es preguntar y preguntar y no la ha dejado poner atención en toda la clase y ya la tenía con los pelos de punta, pues no entendía el porqué de tanta preguntadera. —Ah si, ahora lo noto, tu acento es lindo... sensual.... —dijo al mismo tiempo que relamió sus labios. —Uy que seductor... ¿no tienes alguna frase nueva conquistador? Thomas al ver que la chica cada vez que se acercaba le respondía de mala manera y no lo tomaba en cuenta se fijó una meta. «Ay chiquilla no sabes con quien te estás metiendo.... Ya caerás a mis pies.» pensó Thomas. Mientras nuestra fierecilla en su cabecita empezó a maquinar que haría para sacarse a ese energúmeno de encima, pues ya la tenía hirviendo de rabia. Ahhh el amor señoras y señoritas.... Comenzó una nueva clase y es la de arte escénico. Todos han visto los dimes y diretes de los chicos y eso que es el primer día. Cuando llega la profesora les informa que deben armar parejas para postular a los papeles de la obra de fin de año que esta vez será la Fierecilla domada de W. Shakespeare. «Ay mi fierecilla te tengo» se dijo Thomas. —Ja, ja tu personaje está listo, enana —mencionó Thomas a Alma en su oído. —Ya cállate idiota. —respondió muy molesta Alma. La maestra pensó que se está refiriendo a ella y muy molesta le reprendió. —Señorita, esas no son formas de dirigirse a la gente en mi clase o ¿quiere que llame a sus padres? —Pero… pero —roja como tomate, respiró y respondió—. Perdón maestra por mi comportamiento —dijo en un tono dulce—. No fue mi intención, pero el señorito aquí presente me molestó y yo sólo me defendí. Disculpe si se mal interpretó mi actuar. No es una acusación, pero este hijo de su mamá y que me perdone ella, ya me tiene hasta las masas. Lo que no se imagina es que es el hijo del jefe de su mamá y no sería ni la primera ni la última vez que tenga que aguantar sus desplantes y sacarla de sus casillas. —Es eso cierto señor Scott? —Inquirió la maestra. «Mierda, esta enana me quiere hacer quedar mal, pero no se lo haré tan fácil.» pensó Thomas. —Profesora, la realidad es que esta ena… perdón la compañera aquí presente me ha malinterpretado, lo que le quise decir es que el papel de la Fierecilla le queda como anillo al dedo. —¿Es que de verdad estás loco? —preguntó molesta la chica. El con una sonrisa como la del gato de Cheshire se dirigió a su maestra. —Profesora, además para que vea que me interesa la obra también participaré en ella y me gustaría apoyar a nuestra nueva compañera siendo su acompañante. —Pero que excelente idea me ha dado joven Scott, pues se me ocurre que ambos audicionen para los papeles principales, creo que harían una excelente pareja. —¿Se te zafó un tornillo? —exclamó furiosa nuestra Alma. Esto está que arde entre estos dos... —No mi fierecilla, es la mejor idea que se me ha ocurrido. Ambos chicos se retan con la mirada, es que se hace imposible que entre ellos no nazcan chispas, pues, los dos son como el aceite y el agua y más pronto que tarde verán sus vidas unidas, más allá de lo que ellos se podrían imaginar. —Eres insufrible —la chica se tomó sus cabellos molesta por como se han dado las cosas con él, pero no se quedará así, en su mentecilla brillante ya ha armado varios escenarios de cómo deshacerse de él. —El sentimiento es mutuo, enana —le responde él, aunque para sus adentros tiene más de una idea para que la chica caiga redondita a sus pies. Y así, mientras ambos se retan entre miradas y palabras, pasó la clase completa. Por otro lado la maestra embelesada miraba a los chicos discutiendo la mala idea de trabajar juntos. Tenía la sensación de que la obra de teatro de ese año iba a ser un éxito y esperando no ver sangre correr en sus próximas clases. Nota de Autor Esto se ve color de hormiga y no pinta nada bien. ¿Pero para quien exactamente? ¿Para la fierecillas o para los hombres? Amando a Thomas y sus ganas de domar y conquistar a la fierecilla menor. Copyright © 2023 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2312116368201
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