Enzo
Al día siguiente, desperté temprano. Tanto años en la cárcel, me acostumbraron de alguna manera a ser productivo. Tengo que aprovechar las horas de sol.
─Buenos días—Saludo a la señora Kamali, al parecer no seré el único que madrugue en esta casa─. ¿Y el señor Fadil?
─Buen día, Enzo. Mi marido no suele despertar temprano, ¿deseas desayunar?─Inquiere colocando los platos y cubiertos sobre la mesa─. Preparé café y huevos con salchichas al horno...
La sola mención, me abre el apetito. Además, huele muy bien, por eso acepto enseguida.
─Me encantaría señora.
─Toma asiento y por favor... no me digas señora. Llámame Kamali o Kami─.Hace un ademán con sus manos para luego dirigirse a la cocina. Al regresar, la ayudo a servir y nos disponemos a comer, podría decir que cocina mejor que mi madre...en verdad podría, pero no lo haré.
Si bien era un chiquillo cuando ella se fue, tengo muy presente su sazón y recuerdo cuanto me encantaban los panqueques de ricotta que solía preparar especialmente para mí.
─Pareces distraído, ¿pasa algo?─La voz de Kamali me devuelve al presente, no me di cuenta que estaba llorando hasta que siento la humedad resbalar por mis mejillas. Apenado, me limpio con el dorso del brazo ante la incrédula mirada de la mujer sentada frente a mí.
─Lo siento, estaba recordando los efímeros momentos de felicidad al lado de mi madre─la melancolía en mi voz es evidente, Kamali asiente comprensiva y la veo indecisa entre preguntar o guardarse sus dudas.
─¿Ella falleció?
─No. Bueno, sinceramente...no lo sé. Mi madre se fue cuando yo tenía cuatro años, huyó del maltrato que recibía por parte del hombre que me engendró─al decir esto, la veo llevarse una mano al pecho, sus ojos se agrandan y me dirige una mirada cargada de compasión.
─Lo siento querido, no era mi intención remover tan dolorosos recuerdos─estira su mano para dar golpecitos en la mía, en un acto que me parece demasiado maternal y que ciertamente agradezco─. ¿Planeas buscarla pronto?
─Por supuesto, será difícil puesto que han pasado muchos años, no sé si ella sigue con vida. De ser así, puedo asegurar que su aspecto ha cambiado durante todos estos años, ya no será la misma de mis recuerdos. Sin embargo, eso no me detendrá. Tengo la esperanza de reunirme con ella algún día no muy lejano.
Kamali sonríe y no dice nada más, salvo que; si necesito ayuda puedo contar con ellos.
...
─Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?─Mientras sostengo dos prendas en mis manos, escucho una voz suave y amable detrás de mí. Fue tan inesperado que las camisas se me escaparon de las manos y cayeron al suelo con un suave estrépito.─Lo siento, no quise asustarlo...
La mujer se acerca rápidamente para ayudarme a recoger las prendas. Sus dedos rozan los míos mientras ambos nos inclinamos, sin embargo,cuando su piel tocó la mía, una extraña sensación recorrió mi espalda. Instintivamente, rehuyo de su tacto y me enderezo.
─¿Trabaja aquí?─Inquiero al reincorporarme, la señorita asiente y me dedica una sonrisa un tanto incómoda. Parece confundida por mi reacción, y lo cierto es que yo estoy igual.
─Trabajo aquí señor, ¿necesita ayuda?─Señala lo que tengo entre las manos.
─No, creo que encontré lo que buscaba─y es cierto, el dinero en estos momentos es escaso para mí. Solo pretendo comprar un par de cambios, no puedo seguir con la misma ropa con la que salí de prisión...
...
Dos semanas han pasado y por fin pude conseguir el material para arreglar la puerta principal de la casa de Kamali y Fadil. Aprovechando que ellos no están, me dispongo a trabajar pues no deseo molestarlos con el ruido.
Con las herramientas en mano, me acerco a la vieja puerta desgastada, listo para darle una nueva vida.
─Solo espero que no quede peor de lo que está─murmuro mientras observo detenidamente cada rasguño y grieta, consciente de que mi labor será restaurar su belleza perdida─. Manos a la obra...
En primer lugar, retiro cuidadosamente los herrajes y las piezas dañadas, asegurándome de no causar más daño durante el proceso. La madera, desgastada por el paso del tiempo, susurra historias de antaño mientras la acaricio con suavidad.
Luego, tomo medidas precisas para cortar y reemplazar las partes deterioradas. Con destreza, selecciono una madera de calidad que se ajuste perfectamente a los contornos de la puerta. Utilizando mi sierra de mano, moldeo las piezas, dándoles forma y adaptándolas con precisión.
Es un proceso largo y algo cansado, pero el resultado valdrá la pena. No por nada fui el mejor estudiante de carpintería en prisión.
─¿¡Qué estás haciendo muchacho!?─La avejentada voz de Fadil me llega por la espalda, justo en el momento que estoy aplicando la primera capa de barniz protector.
─Fadil, creí que llegarían más tarde─ignoro un momento sus preguntas y me dedico a mover la brocha de arriba hacia abajo. De reojo veo a Kamali poner sus brazos en jarras y negar con la cabeza en repetidas ocasiones.
─Enzo, no era necesario que te tomaras la molestia de arreglar esa puerta tan vieja─sonrío ante sus palabras y dejando la brocha sobre la lata, me giro hacia Kamali.
─Era necesario y en lo absoluto es una molestia. Desde que llegué había deseado reparar con mis propias manos cada desperfecto de su hogar, espero que no tomen a mal mis palabras, lo que quiero decir es que, tengo demasiado tiempo libre y muchas ganas de utilizar las habilidades que adquirí durante los años que estuve en prisión─siento la necesidad de dejarles claro que no me estoy quejando de la humildad de su hogar.
─¿Cómo podemos recompensarte, muchacho?─vuelvo a sonreír porque, aún no se dan cuenta de que ya me han recompensado bastante al darme asilo en su casa.
─No dejarán de insistir, ¿cierto?─ambos niegan al mismo tiempo─De acuerdo, ¿qué tal si preparas para mí esa deliciosa pasta con vegetales y carne? Desde que la probé, se volvió parte de mis platillos favoritos.
Kamil asiente y aplaude, para luego disponerse a entrar en su casa, mientras Fadil y yo terminamos de darle los últimos retoques a la puerta, compartiendo una amena conversación.
Al finalizar, nos detenemos para admirar el trabajo. La puerta desgastada ha sido transformada en una obra de arte restaurada. Mi labor como carpintero ha dado frutos por primera vez, y la puerta ahora luce orgullosa, lista para abrirse hacia un nuevo capítulo en la vida del bondadoso matrimonio que vive aquí.
En este proceso de reparación, no solo he utilizado mis habilidades y conocimientos como carpintero, sino también he dejado una parte de mí en cada golpe y cada trazo. Cada paso ha sido un recordatorio de mi capacidad para transformar y reconstruir, tanto objetos como mi propio ser.
Así es, ahora uso esa puerta vieja y desgastada para compararla conmigo. Si pude hacer que cobrara brillo y belleza de nuevo, estoy seguro que puedo hacer lo mismo con mi vida.
Esto me sirvió para entender que:
En lo feo, viejo y desgastado; yace el potencial de un renacimiento, donde la belleza emerge en su forma más completa y sorprendente.