Isabella —Es inútil, mamá. Enzo sigue ignorándonos, negándose a hablar más de lo necesario con nosotros.—Le digo abrazándome a su pecho—Ha pasado un mes y él simplemente se limita a hacer su trabajo, ¿cómo lograremos indagar más sobre su pasado? Me siento impotente en estos momentos, desde la noche de aquella cena, Enzo se ha portado extraño. Mamá me contó que al día siguiente, habló con él y aunque le confesó que su madre lo abandonó a los cuatro años en vísperas de navidad, nosotras todavía no tenemos la certeza de que sea el mismo Enzo. —¡Ya sé, mamá!—me incorporo de golpe para mirarla fijamente a los ojos—Dame el apellido de tu hijo. —¿Para qué? Yo no tengo dudas de que es Enzo, lo sentí aquí—posa su mano en su corazón—Lo supe en el momento que dijo esa frase hace un mes y los deta

