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500 Palabras

Cuando me acerqué a un espejo de una de las tiendas cerca de la playa, me sorprendí. "Maldición, mira mi piel. Tendría que haber puesto protector", comenté. "Ven", me dijo, tomándome de la mano, y fuimos corriendo hasta llegar a una plaza. Se acercó a unos aloe veras, tomó una navaja que tenía de llavero, cortó un trozo y luego lo dividió en dos, dándome uno. "Úntate esto", dijo. "Aloe vera, sí, es muy bueno", comenté, y enseguida me alivió el ardor. "Duele", protesté, y él se rió. "Pareces una niña", comentó, y le saqué la lengua. Pero también le dolía, ya que estábamos sentados en un banco de la plaza, untándonos aloe vera, y parecíamos dos tomates rojos. "Ojalá que Rosa no me vea así", expresé. "Ojalá que Nicolás no me vea así", suspiró él, y ambos hicimos una mueca. Me encontré

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