"Necesito que venga al despacho del señor Martínez", me dicen, "le dejaré la dirección por WhatsApp."
"Está bien", murmuro un poco convencida pero confundida. Decido cambiar de ubicación para saber qué es lo que quiere el abogado de mis padres. Mis padres fallecieron cuando yo era una niña, y nos dejaron a mí y a mi hermana en la calle. Ella siempre me cuidó y había renunciado a todos sus sueños para trabajar y cuidarme. Siempre me sentí culpable por haber nacido y haberla molestado, pero ella siempre me decía que yo era la luz de su vida, su inspiración para seguir adelante. Por eso, los dos acordamos aceptar esa cantidad de dinero a cambio de ayudarla.
Estaba nerviosa, no sabía qué quería el abogado después de tanto tiempo sin verlo. En cuanto entro al vehículo, comienza a sonar una canción en la radio. Acelero con cuidado, deslizando las ruedas suavemente sobre el asfalto. Tengo que cruzar una avenida y noto que algunos autos se cruzan sin siquiera poner la señal. Pongo los ojos en blanco y luego giro a la derecha. Finalmente llego, después de manejar un rato.
Salgo del vehículo, cierro la puerta y bajo. Doy un leve golpeteo y cruzo los brazos, mirando hacia la calle. Aún mi mente no deja de dar vueltas pensando en qué querrán. Cuando finalmente abren la puerta, alguien comenta:
"Buen día, señorita", dicen. Yo suspiro y pregunto:
"¿Qué ocurre? Ni siquiera sé por qué me han llamado aquí."
"No es por tus padres, es por el hermano de tu padre", responden.
"Horacio", pregunto haciendo una mueca. Ese hombre jamás me cayó bien. Nunca supe a qué se dedicaba, pero siempre portaba trajes carísimos y tenía ese aire de galán de telenovela.
"Falleció", me informan. Yo lo asevero con sorpresa, "¿Qué le pasó?"
"Un paro cardíaco. La cosa es que te ha dejado todo a ti", dicen.
"¿Qué? ¡No sabía que él tenía dinero!", exclamo, dejando caer mi cuerpo en la silla.
"Pues sí, en realidad era el dueño de varias empresas, era millonario. ¿No lo sabías?", preguntan, y yo niego.
"No, no lo sabía", respondo.
"Bueno, tienes que firmar aquí y entregar una copia de estos documentos", dicen.
"Espera", murmuro, pensativa, y pregunto, "¿Por qué no se lo dejó a mi hermana mayor?"
El abogado se encoge de hombros y dice, "No lo sé, pero esta fue su decisión. Así que aprovecha, ahora oficialmente eres millonaria."
"No… ", respondo mientras me pongo de pie.
"¿Qué?", pregunta el abogado.
"Primero me divorciaré", digo, y él asiente.
"Está bien", murmura. Luego, coloca una lapicera a un costado.