Nos subimos a un vehículo con Esteban y vamos a un restaurante cercano. "No tengo ropa negra puesta”, murmuro, ya que habíamos acordado ir al funeral después de comer. "No hace falta, es solo algo que se hace”, comenta con una graciosa sonrisa y haciendo muecas. "Si tienes razón”, murmuro, revolviendo con el tenedor la carne. "Tienes que comer”, comenta mientras da un gran bocado a la hamburguesa que pidió. "Lo sé, tengo que comer”, digo. "Tranquila, ya encontraremos al responsable." Cuando terminamos de comer, nos dirigimos directamente al funeral de mi amiga. Al ingresar, se me eriza la piel al ver su cajón de color marrón caoba, y junto a ella se visualizan... Me acerqué, paso a paso. La valentía quedó dispersa en el ambiente y no me acompañó hasta llegar frente a ella. Mis ojos

