Yo le agradecía a Esteban porque en las noches me despertaba llorando a los gritos y no había nadie que pudiera consolarme. Eran días muy difíciles, por eso había decidido que lo mejor era ser fuerte y no caer en la desesperación. Después de varios días de sentirme depresiva, finalmente el dolor comenzó a menguar poco a poco. La tristeza fue reemplazada por una sensación de alivio en un hermoso atardecer. Me había despertado temprano a las 5 de la mañana, y era un amanecer perfecto. Con una sonrisa, quemé una carta que había escrito a Rosa, expresando cuánto la quería y disculpándome por no haber podido hacer más por ella. Las semanas pasaron, y finalmente, después de dos largos meses en los que apenas veía a Nicolás, él seguía alardeando que era mi prometido. A pesar de haber investigad

