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326 Palabras

"Lo lamento”, murmuré apenada, tocándole el rostro. Salí corriendo, tomé el papel con la información, y salí de la casa. Las lágrimas llenaban mis ojos. No era mi culpa, aún tenía la esperanza de que mi prometido no fuera la persona cruel de la que todos hablaban. Me subí a mi vehículo y empecé a llorar, apoyando mi cabeza en el volante. Entonces escuché un golpeteo en el vidrio. "Lo lamento”, murmuró Esteban y abrió la puerta. "Tienes razón, soy ridícula”, admití mientras él asentía. "No eres la única. Estás enamorada de Nicolás”, me dijo Esteban. El mundo que creía conocer se desmoronaba ante mí, y la verdad era más aterradora de lo que jamás hubiera imaginado. "Yo no sé ni lo que quiero”, comenté, sollozando mientras Esteban me abrazaba. "Tranquila, tú estarás bien”, me consoló.

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