En Oxford Narra Amelia Mi primo me dejó allí una vez que me instalaron en una habitación. Prometió visitarme todas las semanas, pero ya yo no creía en las palabras. Con respecto a mi situación, sabía que mi papá no dejaría de buscarme, así que usé mi segundo nombre y el apellido de soltera de mi madre. Quería creer que Esteban no divulgaría mi paradero y como mi papá prácticamente no me conocía, quizás no se le ocurriría pronto donde me encontraba y con quién. Él se llevó mi celular y no tenía televisor. En cambio, había un escritorio con un cuaderno nuevo y un bolígrafo. En la pared un reloj redondo de aguja que hacía un sonidito incesante entre tanto silencio. Tenía una ventana, la cual se encontraba sellada por obvias razones, que me dejaba visualizar una hermosa colina. Este lugar

