- A Dios vas a tener que pedirle, que rogarle por que deje de penetrarte. – sonrío sin darle mucha importancia a su amenaza, porque en realidad eso es lo que mi cuerpo le pedía a gritos, poder sentirlo enterrarse en mí, arrasando con mis adentros de una manera violenta. - Fóllame, fóllame tan duro como te de el cuerpo. – le pedí, casi supliqué. En el sexo era una mujer demasiado exigente. De echo terminaba mis relaciones porque ninguno podía complacerme. Follaban rico, no voy a negar, pero nunca podía llegar al éxtasis, nunca podía abrazar el orgasmo. Recuerdo que a mi ultimo novio le pedí que en pleno acto pusiera sus manos en mi cuello y haga presión, porque lo había visto en una película condicionada y sinceramente ver aquello me excito demasiado y moría porque al

