Hubiera sido auspicioso decir que Bella mejoró su actitud al día siguiente, pero no fue así. Por la mañana no se levantó para acompañar a Julio en el desayuno antes de irse y cuándo regresó en la noche, la encontró igual. Conservaba el mismo conjunto de dormir y se mantenía profundamente apática. A la mañana siguiente cuando era bastante temprano estaba aún protegida por la calidez de sus cobijas. Se encontraba despierte en una actitud vegetante, mirando el techo de la habitación. Entonces el absoluto silencio de la casa fue interrumpido por el sonido del timbre. Pretendió que no lo escuchaba, cubriendo su cabeza con el acolchado. Pero el sonido resonó una y otra vez. — ¿Quién diablos es a esta hora?— se preguntó en voz alta. El eco se repitió por cuarta vez y se percató de que no iba

