Al regresar de la clínica estética y llegar a su casa, Bella comprobó con alegría que Julio había regresado temprano del trabajo. No era usual que eso sucediera. Se estaba acostumbrando a pasar muchas horas del día sola en la casa, extrañando su presencia y contando las horas y los minutos para volverlo a ver. Cuando lo vio reaccionó casi como una niña. Se colgó de su cuello y lo abrazó efusivamente. — ¡Amor, llegaste!— exclamó con gran entusiasmo. — ¡Gracias a Dios, Bella! Hoy no hubo ninguna emergencia que me retuviera en la guardia. ¡Segunda vez en la semana que sucede! Creo que estoy en una racha de muy buena suerte. Ella le dio un pequeño beso en los labios, al tiempo que lo abrazaba y acariciaba juguetonamente su espalda. — Y yo, te extrañé mucho, como siempre. ¡Eres malo conmig

