Capítulo 37. Vana ilusión. No podía soportarlo más. Nos lo había prometido a ambos pero sinceramente la lejanía me estaba matando así que tomé el teléfono y marqué su número. Al tercer timbre su hermosa voz llenó de alegría a mi corazón. —Sean, ¿está todo bien?— Su voz somnolienta provocó una sonrisa estúpida en mi rostro. —Se que no debía llamarte a menos que fuera una emergencia, pero es que te extraño tanto que duele. Escuché un suspiró al otro lado de la línea. —¿Cómo éstas?— pregunto tranquila. —Es difícil. Me gustaría escucharte a ti. —Estoy bien. Sigo yendo a terapia y ya estoy haciendo mis prácticas en un consultorio aquí cerca. —Me da gusto escucharlo. Los gemelos quieren ir para las vacaciones, ¿crees que puedas recibirlos? —Estaré complacida de recibirlos. Los

