Diego tomó aire hondo y comenzó a hablar. Le contó sobre sus experiencias pasadas, sobre cómo en ocasiones se había sentido ignorado o no escuchado en relaciones, sobre sus sueños tanto profesionales como personales. También habló de sus límites – cosas que no estaba dispuesto a hacer, cosas que le gustaría explorar poco a poco.
Valentina escuchó con atención, sin interrumpirlo, tomando notas en un cuaderno pequeño. Cuando Diego terminó, ella cerró el cuaderno y lo miró a los ojos.
—Gracias por ser tan honesto conmigo, Diego. Todas tus preocupaciones son válidas, y vamos a incorporarlas al acuerdo. Quiero que sepas que aunque yo tome la iniciativa en la relación, tu voz es igual de importante. No quiero una relación donde solo yo decida todo; quiero una relación donde trabajemos juntos, conmigo al frente, pero siempre considerando lo que necesitas.
—También quiero decirte que estoy dispuesto a probar esto —añadió Diego. —Creo que tenemos una conexión especial, y me gustaría explorarla. Pero necesito que sepas que el trabajo es importante para mí también – no quiero que la relación afecte mi desempeño o mis oportunidades de crecimiento profesional.
—Eso está completamente claro —respondió Valentina. —El acuerdo establece que la relación laboral se mantendrá separada en lo posible, y que tu trabajo se evaluará solo por tu desempeño. Además, si en algún momento sientes que la relación está afectando tu trabajo o tu bienestar, puedes terminarla sin ninguna consecuencia.
Mientras hablaban, la tensión entre ellos iba creciendo, la atracción palpable en el aire. Valentina se levantó y se acercó a Diego, parándose frente a él.
—Diego —dijo en voz baja, poniéndole una mano en el hombro—. Si quieres continuar, necesito que me digas claramente que estás de acuerdo, que lo haces por tu propia voluntad y que entiendes que puedes detenerlo en cualquier momento.
Diego se levantó también, acercándose hasta que sus cuerpos casi estaban tocándose.
—Estoy de acuerdo, Val. Quiero esto. Y prometo hablarte si algo no me sienta bien.
Valentina sonrió, y sus dedos recorrieron suavemente la mandíbula de Diego antes de besarlo. El beso fue lento, tierno, pero con una pasión contenida que prometía más. Cuando se separaron, ambos respiraban un poco más rápido.
—Bienvenido a mi mundo, Diego —susurró Valentina. —Mañana comenzaremos con el proyecto, y poco a poco exploraremos lo que podemos ser el uno para el otro.
CAPÍTULO 3: PRIMEROS PASOS
La semana siguiente fue intensa para Diego. Por la mañana, trabajaba en las oficinas de Castellanos Group, coordinando con el equipo de marketing las últimas modificaciones a la campaña de rebranding. Valentina lo veía varias veces al día para revisar los avances, y aunque la química entre ellos era evidente, se mantenían profesionales en el trabajo.
Por las noches, se encontraban en la casa de Valentina, donde comenzaban a explorar la dinámica que habían acordado. Valentina era paciente, tomaba el tiempo necesario para conocer los gustos y aversiones de Diego, para explicarle sus propias necesidades y deseos.
Una tarde, después de una larga jornada de trabajo, Diego llegó a la casa de Valentina con una caja de dulces que había comprado en una panadería tradicional de la ciudad.
—Te traje un regalo —dijo, entregándole la caja. —Vi esta panadería en mi camino y recordé que en la reunión de la semana pasada mencionaste que te gustaban los panes tradicionales.
Valentina sonrió con ternura, abriendo la caja y oliendo los dulces.
—Es muy dulce de tu parte, Diego. Gracias. Me hace feliz que prestes atención a esas cosas.
Se sentaron en el comedor, donde Valentina había preparado una cena ligera – ensalada de quinoa, pescado a la parrilla y