Una semana más tarde se mudó a su nueva casa. Susana fue a comer con ella en cuanto estuvo instalada. Le explico que las cosas con Rafael no iban muy bien, no le dio detalles. Susana la abrazo con fuerza y le recordó que ella siempre estaría allí a su disposición y que, si necesitaba cualquier cosa, solo tenía que llamar. Al día siguiente Daniel apareció en su puerta. - He hablado con Rafael -dijo en argoviano-. Me ha pedido que hable contigo antes de aplastarle su bonita cara. Alejandra lo abrazo y lo arrastro hacía en interior de la casa para enseñársela. Le preparo un café y le pidió, por favor, que no hiciera nada a Rafael - Lo amas, creo -dijo su primo-. No te merece. - Ha sido muy bueno conmigo, Daniel. Jamás podré explicar cuánto. - Creo que lo sé -

