CAPÍTULO DIECIOCHO Riley se sentía muy indecisa mientras se encontraba sentada en el auditorio. El agente Flack estaba reuniendo sus notas y preparándose para irse, así que tenía que decidirse ahora mismo. ¿Debería hacerle la gran pregunta que tenía en mente, que si los asesinos y sus perseguidores compartían el mismo tipo de insatisfacción? Finalmente tomó una decisión. «Sí, voy a hacerlo», pensó. Pero antes de que pudiera levantarse de su silla, sintió una mano en su brazo. Era John Welch. Como había estado tan absorta en la conferencia, se había olvidado de que estaba sentado a su lado. —Vamos, Riley —dijo—. Tienes que hablar conmigo. Me muero por enterarme de lo que está pasando. Riley le echó un vistazo al agente Flack y vio que otros estudiantes ya estaban agrupándose a su alre


