Realmente eres tú

1657 Mots
Alicia no ha llegado todavía, así que continuamos esperando; Jacob aprovecha para besarme y acariciarme todo el tiempo. Una de las chicas se acerca a nosotros y le dice algo al oído; él sonríe y yo siento que mi vientre se contrae y me dan ganas de arrancarle la cabeza a la chica. —Hermosa, vuelvo en un segundo, voy a hacerme unas fotos con las chicas —me dice. No comprendo por qué desean hacerse fotos con él. Imagino que es porque es muy guapo, pero viene conmigo, no está solo, no deberían ser tan atrevidas. Él se levanta, se hace varias fotos con ellas, se ríen y hablan entre todos; no alcanzo a comprender lo que dicen y me molesta sobremanera no saberlo, me siento excluida y, de una forma irracional, creo que ellas quieren acapararlo y quitármelo. ¡Pero qué barbaridades estoy pensando esta noche! —Listo. —Me da un leve beso cuando vuelve. Uno de los chicos le presta una guitarra, y Jacob comienza a tocar una melodía lenta, me mira y sonríe. —Tal vez el destino ha creado esta melodía para ti y para mí, Miranda —me susurra antes de empezar a cantar con su profunda voz. "Llevo tanto tiempo corriendo Corriendo detrás de cosas sin sentido Que tal vez hoy esté loco, Loco, pero quizás no perdido. Por querer conocerte Por querer arriesgarme. Tal vez te encuentre y me encuentre O puedo dañarte y perderme" Sus palabras son un poco tristes y pareciera que está repitiendo nuestra conversación, así que creo que acaba de inventarlas; además de que nunca antes había escuchado esa canción, no me suena de nada. Todos están concentrados escuchándolo y yo vuelvo a tener esa sensación de vacío, de tristeza; este sentimiento es tan nuevo para mí que me duele. A veces pienso que no me permito sentir más allá de lo que los otros esperan que sienta. Y cuando no logro comprender lo que estoy sintiendo o desconozco el motivo por el cual lo siento, la ansiedad se apodera de mi ser y me estreso demasiado, como me sucede en este preciso momento; así que me pongo de pie y dejo a Jacob con el grupo y sola, camino hacia la otra punta de la cala. —¿Qué piensas? —me dice Jacob sentándose a mi lado. Sigo escuchando la música de fondo. Las olas mojan mis pies. Siento inmediatamente la electricidad entre los dos. —En mis amigos —miento. Él pasa su mano por mi cara y, de manera inexplicable, de inmediato me siento húmeda en mi interior. —¿No van a venir? —pregunta mientras suelta mi cara y empieza a recoger arena y dejarla pasar por entre su mano derecha. —No lo sé. Llegarán más tarde, supongo. —Nos quedamos en silencio observando el mar y disfrutando de la brisa que refresca bastante, y yo empiezo a tener frío. —¡Ven! —dice mientras extiende su brazo izquierdo hacia mí—. No tengo un blazer como en las películas, pero puedo darte un poco de calor; está refrescando. —No, tranquilo. Su ofrecimiento me pone nerviosa; pasan algunos minutos y el frío aumenta, me froto los brazos, tengo un vestido ligero de verano suelto y de tiras que no protege para nada. —¿Quieres mi camiseta? —Lo intenta de nuevo y empieza a subirla por su vientre plano para poder quitársela. —No, no, no —digo rápidamente y cierro mis ojos. – Estoy bien. —No lo estás. Vuelve a acercarse a mí y termino por aceptar que me pase el brazo por encima de mis hombros; estoy tan tensa que Jacob se ríe. —Relájate y apoya tu cabeza en mi hombro. Dale, no muerdo. —Me río también y reposo mi cabeza en su hombro, empiezo a sentir sueño, me gusta su olor y la sensación que me produce. —Eres bastante esquiva, Miranda —me dice mientras deja que su mentón repose sobre mi cabeza; se siente tan natural estar así, que me asusta—. Es extraño cómo me siento contigo, como si te conociera de toda la vida. —Yo siento lo mismo, de verdad es sorprendente. —A veces creas con mayor facilidad momentos de intimidad con personas extrañas que con la gente que conoces —digo; creo que leí eso en una revista o alguien en mi trabajo me lo dijo. —Eso es verdad —confirma y deposita un beso sobre mi cabeza. Escuchamos el lejano sonido rasgado de la guitarra y el susurro de las voces cantando. —Puedo decir que este momento contigo es uno de los más perfectos que he vivido hasta ahora. —Se queda en silencio y yo no me atrevo a responderle porque pienso lo mismo que él. —¡Y eso asusta! —termina su frase un poco de tiempo después. Durante un momento no hablamos más y yo sigo lanzando piedras al mar, mientras él comienza a acariciar mi brazo con largos dedos de su mano. —¿Vives aquí, Miranda? —pregunta; yo me siento muy calentita en esta posición, así que no me muevo y comienzo a responderle. —No, vivo en Barcelona, pero mis padres tienen un apartamento acá donde pasamos las vacaciones o algunos fines de semana. ¿Y tú? —pregunto a mi vez; creo que él piensa lo mismo sobre lo confortables que nos encontramos porque no cambia de posición. —Vivo en los Estados Unidos —hace una pausa y yo espero con algo de desilusión a que termine su frase. Vine por trabajo. —¿En serio? —Me levanto un poco y giro mi cabeza para poder mirarlo; ya me gustaría a mí irme a una playa por trabajo. Voy a preguntarle a qué se dedica, cuando vuelve a acercar mi cuerpo contra el suyo. —No quiero hablar de eso —me corta de inmediato. —¿Tienes hermanos? —Vale, yo te respondo, pero tú harás lo mismo —le digo, comprendiendo que he tocado un tema sensible. —El único tema prohibido será el trabajo. —De acuerdo. —Sonríe. Alicia al final no llega y nosotros dos nos acurrucamos el uno contra el otro para evitar el frío, besándonos y hablando de nuestras vidas, nuestros deseos, de la familia, de las cosas que nos gustan, de los países que conocemos, los sueños y anhelos truncados, de cómo nos sentimos en la actualidad y de lo que esperamos de la vida y, por supuesto, no hablamos de trabajo, para nada. Las horas van pasando y vemos el sol empezar a salir. Los chicos de la playa se han ido y nosotros dos nos quedamos solos; por un momento dejamos de hablar y así, sin advertirlo o esperarlo, Jacob me mira con una intensidad inquietante. —Quiero besarte, pero de verdad —me dice. Y me besa, Esta vez es diferente: lento al principio y enseguida se convierte en un beso posesivo, necesitado. Siento la fuerza de su beso, mis pezones se ponen erectos y Jacob me recuesta sobre la arena y continúa besándome; baja por mi cuello mientras que con una de sus manos empieza a levantar mi camiseta. Las olas humedecen nuestra ropa, pero yo me siento mucho más mojada en mi interior. Jacob levanta su cara y baja lentamente un dedo por mi cuello, mientras continúa mirándome con intensidad. —Realmente eres tú... —susurra mientras vuelve a besarme. —Todo lo que necesito. —Profundiza el beso al terminar la frase. Y nos desesperamos, empezamos a tocarnos, a sentirnos; mi vientre bajo palpitaba y el vacío que había sentido durante gran parte de mi vida comienza a llenarse. Toma mi nuca con su mano derecha y reposa su frente contra la mía. —Creo que de verdad podemos hacernos daño, Miranda. Sus palabras me hacen reaccionar y en el acto me pongo de pie; no puedo creer lo que acabo de hacer, soy la peor persona del mundo. Jacob hace lo mismo e intenta detenerme; lo miro a los ojos, verdes claros como un lago cristalino, en los que con facilidad podría perderme. Hace mucho tiempo se quitó la gorra y su cabello castaño claro, con algunos mechones dorados, está algo húmedo. Es tan hermoso, que no logro entender por qué ha pasado toda la noche hablando conmigo y ha dejado abandonada a una chica, tal vez hermosísima, y viene y me besa a mí; eso no puede ser normal. Tampoco comprendo cómo he podido engañar a la persona que más me ama en el mundo. —¡Jacob! —hablo en voz baja. —Tal vez el destino quiera evitar que nos hagamos daño y yo estoy segura de que no soy lo que necesitas. —Le muestro mi mano izquierda. —Por si no lo habías notado, estoy prometida a alguien y voy a casarme en seis meses. —Él mira mi anillo y frunce el ceño. —Me he dejado llevar y lo he olvidado por un momento. Lo siento. Llena de pena y tristeza, lo miro a los ojos y limpio una traviesa lágrima que se escapa de los míos y desciende libre por mi mejilla. —No estoy acostumbrada a hacer esto, no soy una persona que engañe. —Me inclino y beso su mejilla; él continúa de pie sin decir absolutamente nada, solo me mira. —Que tengas una linda vida, Jacob, y que puedas encontrar todo lo que necesitas. —Lo miro por última vez y me alejo. Vuelvo a sentir el vacío y la tristeza; cuando comienzo a subir las escaleras, me giro porque siento la necesidad de verlo por última vez. Jacob sigue de pie, en la misma posición mirando al mar, y yo siento que en solo una noche, alcanzamos a hacernos mucho más daño del que él creía.
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