CAPÍTULO VEINTIDÓS Jessie se despertó con un dolor penetrante en su cráneo. Abrió los ojos levemente para que solo pudiera colarse un poco de luz. Pero de algún modo, los rayos del sol la encontraron y se vertieron sobre ella. Los cerró de nuevo y solo se atrevió a reabrirlos cuando se puso la mano encima como protección. Estaba tumbada tranquilamente de espaldas, intentando recordar donde estaba. No reconocía su entorno, aunque podía decir que estaba en la cama. Sentía pesadez en las extremidades y tenía la boca seca y pastosa. Abrió los ojos un poco más. Su entorno se hizo más claro. Notó un leve movimiento de balanceo y se dio cuenta de que la habitación donde se encontraba era pequeña, con las paredes extremadamente cercanas a la cama. Las ventanas de ojo de buey fueron la pista fina


