Capítulo XVII. El primer teniente de alcalde O, how this spring of love resembleth the uncertain glory of an April day; which now shows all the beauty of the sun, and by and by a cloud takes all away! [15] Two Gentlemen of Verona Una tarde, cuando se estaba poniendo el sol, sentado junto a su amiga, al fondo del huerto de frutales, lejos de los importunos, estaba ensimismado en sus ensoñaciones. «¿Momentos tan dulces durarán para siempre?», pensaba. Tenía el alma completamente ocupada en la dificultad de elegir profesión; deploraba ese accidente tan desgraciado que pone fin a la infancia y amarga los primeros años de los jóvenes que no son ricos. —¡Ay! —exclamó—. ¡Napoleón era efectivamente el hombre enviado de Dios para los franceses jóvenes! ¿Quién podrá sustituirlo? ¿Qué harán


