»—Y ¿qué quieres hacer con esa mala pieza? —le dice Zingarelli—. No quiero; no lo tendrás; y, además, aunque consintiera yo en ello, nunca querrá dejar el conservatorio; acaba de jurármelo. »—Si solo se trata de su voluntad —dice muy solemne Giovannone, sacándose del bolsillo mi compromiso—, ¡carta canta! Aquí está su firma. »En el acto, Zingarelli, furioso, se cuelga de la campanilla: »—¡Que expulsen a Geronimo del conservatorio! —gritó iracundo. »Así que me expulsaron mientras yo me reía a carcajadas. Esa misma noche, canté el aria del Moltiplico. Polichinela quiere casarse y cuenta con los dedos las cosas que va a necesitar en su hogar de casado; y se embarulla continuamente al echar esas cuentas. —¡Ay, caballero, tenga la bondad de cantarnos esa aria! —dijo la señora de Rênal. Ge


