6 Raphael se apoyó contra el marco de la puerta contemplando a Rebecca meter en la cama al niño de cuatro años de ambos, Jeremiel. Era un ritual que hacía con placer cada noche desde que su hijo nació. Era en momentos como este, cuando el sol se escondía en el cielo dando paso al crepúsculo y las sombras parecían ceñirse en torno a ellos, cuando pensaba en lo afortunado que se sentía por tenerlos a ambos. Ni en sus mejores sueños pensaba que podría ser tan feliz. —Cuéntame más. —Los labios rosados de Jeremiel tomaron la forma de una "O" que se extendió mientras este bostezaba. Sus ojos de zafiro la miraban tras sus rizadas pestañas mientras trataba de mantenerlos abiertos. Observó como su esposa, Rebecca, acariciaba la cabellera rubia de su hijo. Su esposa. Incluso después de llevar cua

