XIII Al fin había llegado de veras la primavera. Habían brotado las hojas en el ailanto que Evelina veía desde la cama, unas nubecillas flotaban en el cielo y de vez en cuando el grito de un vendedor de flores llegaba desde la calle. Un día se produjeron unos tímidos golpes en la puerta de la trastienda y apareció Johnny Hawkins con dos junquillos amarillos en la mano. Se estaba volviendo más alto y más corpulento, y su rostro redondo y pecoso se estaba convirtiendo en una copia más pequeña del de su padre. Se acercó a Evelina y le tendió las flores. —Se han caído de un carro y el hombre ha dicho que me las podía quedar. Pero son para usted —anunció. Ann Eliza se levantó de la silla frente a la máquina de coser e intentó cogérselas. —No, para usted no: para ella —objetó él enérgicamen
Scarica scansionando il codice QR per leggere gratuitamente innumerevoli storie e libri aggiornati quotidianamente


