XIII

2324 Parole

XIII Al fin había llegado de veras la primavera. Habían brotado las hojas en el ailanto que Evelina veía desde la cama, unas nubecillas flotaban en el cielo y de vez en cuando el grito de un vendedor de flores llegaba desde la calle. Un día se produjeron unos tímidos golpes en la puerta de la trastienda y apareció Johnny Hawkins con dos junquillos amarillos en la mano. Se estaba volviendo más alto y más corpulento, y su rostro redondo y pecoso se estaba convirtiendo en una copia más pequeña del de su padre. Se acercó a Evelina y le tendió las flores. —Se han caído de un carro y el hombre ha dicho que me las podía quedar. Pero son para usted —anunció. Ann Eliza se levantó de la silla frente a la máquina de coser e intentó cogérselas. —No, para usted no: para ella —objetó él enérgicamen

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