CAPÍTULO ONCE Con la adrenalina circulando por su cuerpo, Keri se detuvo en el callejón que había detrás del apartamento de Rafe Courtenay y se quedó allí sentada por un rato, preparándose para lo que estaba por venir. Miró su reloj. Eran casi las 8:30 y en el verano de finales de septiembre el sol se había puesto hacía casi dos horas. Hollywood se hallaba ahora iluminado por el alumbrado público y el interminable rosario de señales de neón que punteaban sus principales bulevares. El trayecto, conduciendo desde el Hotel Península,la había tenido muy atareada, gracias a las múltiples llamadas. Primero, le hizo saber a Brody que tenía que marcharse para seguir una pista. Él se mostró abiertamente molesto hasta que ella le dijo que iba a tratar de enviar a los Detectives Sterling y Cantwel

