CAPÍTULO VEINTIDÓS Godfrey se sentía asfixiado por un montón de cuerpos, uno encima del otro, mientras estaba tumbado de espaldas al final de un hoyo. Un c*****r del Imperio tras otro eran lanzados a la fosa, yendo a parar encima de él, asfixiándolo hasta que no podía ver el cielo. Godfrey despertó sobresaltado, incapaz de recuperar la respiración. Sentía como si le estuvieran apretando todas las costillas y abrió los ojos en la oscuridad, confundido. Se encontró que realmente lo estaban asfixiando y le llevó un instante darse cuenta de que ya no estaba soñando. Estaba tumbado en el embarrado suelo de la prisión, sobre su espalda y no podía encontrarle el sentido a la imagen que tenía ante él: mirándolo fijamente a la cara, a pocos centímetros de él, estaba la enorme y grotesca cara de a

