2 Creación de Adán
Todos los elementos estaban en su lugar brillando con gloria en el cielo, pero faltaba algo. Así que Dios ordenó a Azrael que encontrara vida y se la trajera, así que Azrael encontró un meteorito separado del planeta Marte. Dios convirtió el meteorito en polvo y creó primero el árbol del conocimiento del bien y del mal, y lo plantó en la tierra más alta del cielo. Luego hizo un cuerpo para el alma del mismo polvo, así se creó Adán.
Todos los arcángeles, incluyendo el ángel favorito de Dios, el diablo, también estaban en la cámara de la creación.
Cuando finalmente le dio el aliento de vida, la gloria de Dios apareció en Adán. En ese momento el creador se enorgulleció de lo que había hecho y parte de ese orgullo pasó a su sirviente.
El que estaba allí lo presenció y gritó, "¡Alto! Hay algo mal".
Todos los ángeles estaban petrificados.
Gabriel, uno de los arcángeles, se quejó,
"¡Cómo te atreves! ¿Quién le dice a Dios que se detenga mientras la creación aún no está completa?"
"Veo que algo está mal", dijo el diablo. Porque no había escapado a su ojo vigilante cómo parte de la jactancia de Dios pasó a su obra.
Dios preguntó, "¿Me estás deteniendo?"
El diablo se inclinó ante Dios, rogándole que dejara de crear al hombre si era posible.
"Veo guerras, desastres y muchas otras cosas terribles", dijo.
Pero el creador no prestó atención a lo que dijo; volvió a su trabajo de nuevo.
El diablo se quejó de ello, señalando el moho del cuerpo, dijo, "El alma ha sido malgastada".
Dios volvió a su trabajo de nuevo; adelgazó el alma del hombre a golpes de martillo, le dio un corazón de carne para debilitarlo contra su lado orgulloso. Luego lo colocó en el lugar más lejano, el cielo.
Tan pronto como se levantó, Adán buscó a su creador, pero no pudo verlo en ninguna parte. Finalmente salió a buscarlo, pensando que Dios se escondía de él pero una voz del universo le advirtió,
"¡No busca a Dios de esa manera! Porque cuando lo encuentres, tal vez no te elija, pero cuando te encuentre, seguramente serás elegido."
Esta vez Adán pensó que si llamaba a Dios, respondería a él.
La misma voz le advirtió de nuevo,
"¡No llama así a Dios! Porque cuando lo llamas así, otros dioses pueden responderte, y puedes encontrarlo en un lugar equivocado."
Adán no entendía de dónde venía la voz.
"Bueno, ¿qué hago?", gimió.
La voz dijo,
"No busca a Dios, deja que Él te busque a ti."
Viendo que su sirviente se había puesto en peligro en el primer momento en que se escuchó su pulso y sus labios tomaron un sorbo del néctar divino, Dios confió a Adán a la custodia de los ángeles de la guarda en el cielo.