Al entrar, vi al chofer de los Green que me saludó cortésmente antes de guiarme por pasillos hasta una puerta que abrió para mí. Entré a un salón de té con olor a jazmín y hojas secas. Dora estaba sentada en un sillón vestida con seda rojo oscuro, con brillos dorados que gritaban riqueza. "Siéntate." Ordenó con un leve gesto de cabeza. "¿No veníamos a firmar el acuerdo? ¿Dónde está?" Pregunté sin vueltas, cero interés en su teatrillo. "¿Cuál es la prisa? Tomá un té primero. Relajémonos." Alcé una ceja con sospecha. Tomé la taza y la observé con cuidado. "No lo habrás envenenado, ¿no?" Dora bufó con fastidio. "Si sos tan paranoica, no lo tomes." Bajé la taza y la empujé hacia un lado. "Por precaución." Dora me lanzó una mirada de hastío, ya por arrancar con a

