CAPÍTULO OCHO Estaba sentado en un banco junto a un río, mirando el rascacielos en la distancia. Hoy era la primera vez en 16 años que olía el aire fresco de la mañana y era tan repugnante como en aquel entonces. Pero, aun así, le gustaba estar allí. No había pasado nadie por delante de él en horas, solo caballos vagabundos de la granja más adelante. Eso estaba bien para él. Se quedaría unas horas más allí y luego buscaría un lugar donde esconderse cuando se hiciera de noche. Este era un mundo diferente al que recordaba. Aunque su experiencia había sido limitada hasta el momento, la gente actual parecía mucho más complaciente, menos intrusiva. Ese viejo espíritu rebelde tan común en su época parecía no existir. Había caminado por calles concurridas con la capucha puesta y ni una sola per

