CAPÍTULO DOCE Lacey todavía echaba humo por su encuentro con Desmond cuando regresaron a la posada del faro. No ayudó que Frankie se pasara todo el camino de vuelta a casa dándole una charla a Lacey sobre lo inmoral que era para ella quedarse con la moneda, haciéndose eco de la lección que le había dado ese día. Se quitó los zapatos a patadas en la puerta con tanta fuerza que se metieron en la puerta del huésped de abajo. Lacey hizo un gesto de dolor. Pero desde el otro lado, todo estaba en silencio. Co suerte no se habrían molestado, aunque Lacey aún no había visto ninguna señal de que hubiera alguien ahí dentro en primer lugar. —Lacey, cálmate —dijo Shirley, mientras subía las escaleras tras su hija. —¿Calmarme? —Lacey echaba humo—. ¡Escuchaste lo que me dijo! —Creo que todo el pue

