CAPÍTULO NUEVE Emily podía sentir el corazón de Daniel acelerado mientras lo rodeaba con sus brazos y lo conducía de vuelta a la casa. Era un saco de nervios tembloroso. Se sentaron juntos en el sofá del salón. Daniel parecía aturdido. —No puedo creer que casi caiga en eso —dijo—. Iba a coger el dinero y salir corriendo, ¿no? Emily le agarró la mano con fuerza y asintió con simpatía. —Creo que sí —dijo en voz baja—. Lo siento mucho, Daniel. Daniel siguió mirando a lo lejos. Sacudió la cabeza. —La primera vez que fue a rehabilitación fue cuando yo estaba en el instituto —dijo—. Tenía tantas esperanzas, ¿sabes? Entonces miró a Emily, y ella pudo ver el dolor en sus ojos. Era como mirar a los ojos del Daniel más joven, viendo cómo sus esperanzas se desvanecían por los intentos fallido

